Tariq Ali nos cuenta sobre la dimisión de Starmer y la llegada de más de lo mismo /  Tariq Ali 

Posted on 2026/06/22

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Este texto se ha publicado en Sidecar, el blog de la New Left Review, revista bimensual de política y teoría publicada en Madrid por Traficantes de Sueños.

TARIQ ALI / 21.06.26 Los electores del distrito electoral de Makerfield (región de Northt West en Inglaterra), ante la oportunidad que se les presentó en las elecciones parciales del pasado 18 de junio no lo dudaron y aprovecharon la ocasión para deshacerse de Keir Starmer y, de paso, darle una patada en el trasero a Nigel Farage. El escaño en disputa había sido dejado vacante voluntariamente por el diputado Josh Simons para que concurriera Andy Burnham de modo que este pudiera acceder a la Cámara de los Comunes y desde allí hallarse en condiciones de diputar el liderazgo del Partido Laborista a Keir Starmer. Con una participación de algo menos del 59 por 100, una cifra elevada para unas elecciones parciales en Inglaterra, el candidato laborista Andy Burnham obtuvo el 55 por 100 de los votos (casi 25.000), frente al 35 por 100 de Reform UK (15.696 votos) y el 7 por 100 (3111 votos) de Restore Britain, el partido respaldado por los conservadores creado para restar votos al partido de Farage. Burnham, un antiguo diputado blairista, partidario belicista de la guerra de Iraq de 2003 y secretario de Sanidad brownista, que abandonó el gabinete en la sombra de Corbyn para construir su base política personal como alcalde del Gran Mánchester, recibió el apoyo del diputado titular del escaño elegido el 18 de junio, Josh Simons, él mismo miembro del grupo parlamentario «Labour Together», que primero se enfrentó a Corbyn y luego promovió a Starmer para hacerse con el escaño de Makerfield. Por un momento dio la impresión de que Simons se había extralimitado al imponer a su éminence grise, Peter Mandelson, amigo de Epstein, como embajador de Gran Bretaña ante la corte de Donald Trump. Pero un agradecido Burnham ofrecerá sin duda a Simons y a sus amigos un acceso continuado al Número 10 de Downing Street.

No hay nada que elogiar en Starmer. Político sin chispa, fue aupado a la secretaría del Partido Laborista y luego al cargo de primer ministro cargo tras la derrota de Corbyn en 2019 después de una carrera jurídica construida en Irlanda del Norte y en la Fiscalía de la Corona [Crown Prosecution Service] dedicada fundamentalmente a doblegarse ante quienes ostentaban el poder. Esta sórdida historia ha sido narrada al hilo de un contundente ataque pergeñado por Oliver Eagleton en The Starmer Project (2022) y, posteriormente, con precisión forense, primero por Gabriel Pogrund y Patrick Maguire en Get In: The Inside Story of Labour Under Starmer (2025) y después por Paul Holden en The Fraud: Keir Starmer, Morgan McSweeney, and the Crisis of British Democracy  (2025). En las elecciones de julio de 2024, la concurrencia de una derecha dividida –Partido Conservador: 24 por 100 de los votos; Reform UK: 14 por 100– le otorgó a Starmer la mayoría en la Cámara de los Comunes habiendo obtenido el 34 por 100 de los sufragios. Sus asesores, liderados por Morgan McSweeney, protegido de Mandelson, aconsejaron al nuevo líder que adulara a Farage en público y compitiera con sus políticas, lo cual el nuevo primer ministro hizo mediante una sesión fotográfica efectuada en la Cámara de los Comunes en el curso de la cual Starmer se acercó a Farage y le estrechó la mano, convirtiéndose así en un extraño para muchos militantes y simpatizantes de su propio partido.

La prensa liberal, entusiasmada con la purga de la izquierda, apoyó con fervor a Starmer. Y Starmer, a su vez, apoyó con fervor el genocidio israelí desatado en Gaza. El primer ministro laborista Starmer dio su respaldo a las políticas israelíes consistentes en el corte del agua, la electricidad y el suministro de alimentos y medicamentos al pueblo palestino. . Los aparatos del Estado británico y los servicios de vigilancia de la Royal Air Force se emplearon para colaborar activamente en el genocidio perpetrado en Gaza

A esto le siguieron las expulsiones de la izquierda del Partido Laborista, los ataques a las prestaciones por hijos y a la ayuda para la calefacción de los jubilados y una retórica cortada por el patrón de Farage sobre los inmigrantes («Isla de los extraños»), todo ello envuelto en los correspondientes presupuestos generales del Estado aprobados para imponer las consabidas políticas de austeridad. En línea con el precedente gobierno conservador, se nombró a una mujer de color, Shabana Mahmood, ministra del Interior para que impulsase políticas profundamente reaccionarias en materia de raza y libertades civiles. La prensa liberal, entusiasmada con la purga de la izquierda, apoyó con fervor a Starmer. Y Starmer, a su vez, apoyó con fervor el genocidio israelí desatado en Gaza. El primer ministro laborista Starmer dio su respaldo a las políticas israelíes consistentes en el corte del agua, la electricidad y el suministro de alimentos y medicamentos al pueblo palestino. Si Starmer se opuso a que se atacara a mujeres y niños, se lo guardó para sí mismo. Los aparatos del Estado británico y los servicios de vigilancia de la Royal Air Force se emplearon para colaborar activamente en el genocidio perpetrado en Gaza. El servilismo abyecto de Starmer ante el ultraconservador Board of Deputies of British Jews fue imitado fielmente por diversos miembros de su gobierno como Cooper, Lammy, Streeting y por los más de cien diputados y diputadas laboristas impuestos a los partidos locales por la banda de Mandelson.

Ni un solo diputado laborista ha dimitido del gobierno de Starmer por la cuestión de Palestina o por el uso de las bases militares estadounidenses existentes en el Reino Unido para atacar Irán. Al contrario: los corbynistas expulsados –John McDonnell y compañía– se deshonraron al arrastrarse en su vuelta al grupo parlamentario del Partido Laborista en la Cámara de los Comunes

Para hacernos una idea de la influencia de los «implantes» de Mandelson en el Partido Laborista de Starmer, recordemos lo siguiente: incluso lealistas al partido como Robin Cook y Clare Short dimitieron del gabinete de Blair, cuando este llevó al país a la guerra de Iraq en contra de la voluntad de la mayoría de la ciudanía británica, respaldado por las interminables mentiras de su asesor de comunicación, Alastair Campbell (y los ladridos de los perros de guerra como el propio Andy Burnham). Ni un solo diputado laborista ha dimitido del gobierno de Starmer por la cuestión de Palestina o por el uso de las bases militares estadounidenses existentes en el Reino Unido para atacar Irán. Al contrario: los corbynistas expulsados –John McDonnell y compañía– se deshonraron al arrastrarse en su vuelta al grupo parlamentario del Partido Laborista en la Cámara de los Comunes.

Starmer se aseguró de que no hubiera nada qué diferenciase, desde ningún punto de vista, a los partidos del centro extremo del Parlamento: laboristas, conservadores y liberal-demócratas. A medida que la economía británica se estancaba y la popularidad del Partido Laborista se hundía hasta su actual 18 por 100, los Verdes despegaron a partir de julio de 2025 para alcanzar el 16 por 100 de los votos en las elecciones locales y autonómicas celebradas esta primavera. Junto con las efímeras esperanzas depositadas en la nueva formación corbynista, ello ha puesto de manifiesto la existencia de un importante electorado a la izquierda del Partido Laborista. Tras analizar los resultados de los grupos de discusión, los hombres de McSweeney aconsejaron a Starmer, que efectuase una serie de aparentes giros de 180 grados a partir de la segunda mitad de 2025: subsidios para el combustible, prestaciones por hijos e identificaciones digitales contra los inmigrantes. Nada de todo ello sirvió de ayuda. Junto con su aspecto rígido y su incapacidad para defenderse en el Parlamento, sus cambios de postura no hicieron sino aumentar el desprecio general sentido hacia Starmer por el conjunto del país. Se irá. Hay rumores de que Burnham podría ofrecerle un puesto en su gabinete. ¿Puedo recomendarle el Ministerio de la Impostura?

Conviene recordar también que los partidos socialdemócratas están en declive en la mayor parte de Europa occidental. El Partido Laborista no es el único y las razones son las mismas: la capitulación total ante los mercados y las políticas estadounidenses en Oriente Próximo y otros lugares del planeta

¿Lo hará mejor el chico nuevo del norte, Andy Burnham, en materia económica y trastrocará «los mercados»? Es poco probable. ¿Introducirá algún cambio en la política exterior o en la política de defensa del Reino Unido? Todo apunta a que no. Conviene recordar también que los partidos socialdemócratas están en declive en la mayor parte de Europa occidental. El Partido Laborista no es el único y las razones son las mismas: la capitulación total ante los mercados y las políticas estadounidenses en Oriente Próximo y otros lugares del planeta. La victoria de Burnham en unas elecciones parciales celebradas en el norte de Inglaterra no debe malinterpretarse. El próximo cambio de liderazgo del Partido Laborista no augura ningún cambio real ni para el país ni para su posición en el mundo.


Recomendamos leer Tom Hazeldine, «Starmer, contra las cuerdas», Diario Red, y «El Nuevo Laborismo al timón», Diario Red/New Left Review 148. Perry Anderson, ¿Ukania Perpetua?NLR 125, Daniel Finn, «Contracorrientes: Corbyn, el Partido Laborista y la crisis del Brexit», NLR 118, «El mismo filo de la navaja: Starmer contra la izquierda», «Torturar la evidencia, lawfare y mediafare en el Reino Unido», y «Starmer vs. Corbyn: de los usos políticos del antisemitismo», todos ellos publicados en El Salto. Oliver Eagleton, «Construyendo el partido de la izquierda en el Reino Unido: entrevista a James Schneider (1)», «Construyendo el partido de la izquierda en el Reino Unido: entrevista a Andrew Murray (2)», «Construyendo el partido de la izquierda en el Reino Unido: entrevista a Zarah Sultana (3)», «Construyendo el partido de la izquierda en el Reino Unido: entrevista a Alex Nunns (4)», Tom Hazeldine, «Your Party, la fundación del nuevo partido socialista británico a la izquierda del decrépito Partido Laborista», todos ellos publicados en Diario Red.

Este texto se ha publicado en Sidecar, el blog de la New Left Review, revista bimensual de política y teoría publicada en Madrid por Traficantes de Sueños.


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