Sobre « La vuelta a Europa en avión(…)» y Manuel Chaves Nogales / Juan Carlos Suárez Quevedo

Posted on 2013/06/05

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Manuel Chaves Nogales (Sevilla, 1897 – Londres, 1944) fue periodista y escritor.

Fuente: Si no lo leo no lo creo. Sugerencias lectoras UCM

«La vuelta a Europa en avión: un pequeño burgués en la Rusia roja»Este es el relato del viaje realizado por Manuel Chaves Nogales en el verano de 1928 como cronista del periódico Heraldo de Madrid, del que era redactor jefe. Tras editar en su periódico las crónicas del viaje, al año siguiente, 1929, amplía el material publicado, restaura las partes cortadas por la censura, y publica este libro.

Como periodista trabajó en su Sevilla natal (El Noticiero sevillanoLa Noche)  y en Madrid, a donde se trasladó en 1922, colaborando en ABCEstampaLa Gaceta Literaria, y llegando a ser redactor jefe de El Heraldo y director deAhora. En 1927, Chaves Nogales ganó el  prestigioso premio Mariano de Cavia, con el reportaje «La llegada de Ruth Elder a Madrid»,  sobre la primera mujer que cruzó en solitario el Atlántico en un avión Junker, publicado en el diarioABC en 1928. Su entusiasmo por la naciente aviación, se repetirá en varias de sus crónicas y de sus libros.

Como escritor nos dejó crónicas, novelas y biografías. Destacamos: La bolchevique enamorada (1929), inspirada en el mismo viaje que comentamos aquí; Lo que ha quedado del imperio de los zares (1931), fruto de otro viaje de 1930 en el que vuelve a recorrer Europa; la novela El maestro Juan Martínez, que estaba allí (1934). La biografía Juan Belmonte matador de toros; su vida y sus hazañas (1935). A sangre y fuego: Héroes, bestias y mártires de España (1937). La defensa de Madrid que se publicó originalmente en 16 entregas en la prensa mexicana (1938) y como libro se editó en 2011.

Portada de Lo que queda del Imperio de los ZaresConsiderado hoy en día como un excelente escritor y uno de los más grandes periodistas españoles del s. XX, durante largo tiempo ha permanecido en la sombra para muchos; actualmente, escritores, periodistas e investigadores hacen hincapié en revitalizar su figura y su obra.

Así, para Félix de Azúa «Manuel Chaves Nogales es uno de los mejores escritores españoles del siglo XX, aunque perfectamente desconocido, porque tuvo el capricho de no ser totalitario»

Antonio Muñoz Molina, que acuña el término Chavesnogalismo, dice que «Cháves Nogales es el hombre justo que no se casa con nadie porque su compasión y su solidaridad están del lado de las personas concretas que sufren; es el que ve las cosas con una claridad que lo vuelve extranjero» Y también afirma «Chaves está a la altura de esos pocos que no se dejaron envenenar ni cegar por la seducción de las ideologías totalitarias, Barea, Orwell, Max Aub, Camus». Sobre su valor literario, Muñoz Molina comenta que «la novela de no ficción a la que dedicó tantos desvelos Truman Capote, la había inventado muchos años antes Manuel Chaves Nogales, y produce asombro y un poco de vergüenza pensar en todo el tiempo que ha hecho falta que pasara para que se le reconozca ese mérito, al menos entre nosotros. Juan Belmonte y el maestro Martínez, bailaor extraviado en el delirio de la revolución bolchevique, son dos personajes que están a la altura de cualquier héroe ficticio, con la ventaja inmensa de que además fueron personas reales». Y, sobre su muerte, Muñoz Molina dice: «Qué injusta es la justicia póstuma. Imagino a Chaves Nogales, muriéndose de apendicitis en un hospital de Londres, en 1944, durante la guerra, muy poco antes de la gran esperanza del desembarco en Normandía, lejos de su país, con la desolación de la enfermedad agravada por la extranjería, pensando con amargura que todo su esfuerzo de escritor no había servido para nada, que de los millares de páginas escritas durante tantos años de oficio no quedaría nada».

Según Andrés Trapiello, «Chaves era un perdedor del que buena parte de la izquierda se avergonzaba o lo desdeñaba…, un perdedor al que los perdedores oficiales no admitían en sus (…) filas literarias»  «Su visión de la Guerra Civil (…) no fue perdonada por los de izquierdas, los suyos; pero tampoco se lo perdonaron los de derechas, porque Chaves en ningún momento se mostró como franquista. Al contrario: denunció siempre que pudo a la Junta Militar de Franco (…) que le parecía una especie de federación de asesinos». Para Trapiello, «se forma un silencio interesado para las dos partes que creen en las dos Españas, frente a Cháves que creía y quería una tercera España». «Chaves Nogales, cincuenta años después de su muerte (…) sí ha ganado esa batalla ideológica, porque cada vez hay menos personas que se sientan orgullosas del totalitarismo de un bando o de otro (…) yo me encuentro cada vez más gente que me dice: Si yo tuviera que estar en un bando estaría en el bando, sin duda, de Juan Ramón Jiménez, de Chaves Nogales, de Clara Campoamor, de don José Castillejo, incluso del Unamuno último. Incluso habrían querido estar en él muchos otros, que no pudieron, los Machado, Azorín, Baroja, Ortega, Ramón, Cernuda, en fin, muchos. Es decir, ese es el bando de las gentes que definieron, de una manera silenciosa, la tercera España, que justamente porque fue silenciosa fue silenciada».

Javier Marías afirma que «se hace justicia a un hombre denostado o incomprendido por sus contemporáneos, que murió aún joven y solo en su exilio inglés y que además ha permanecido olvidado de casi todos durante más de medio siglo. Obviamente no nos lo están descubriendo a sus admiradores antiguos -Agustín Díaz Yanes uno de los pioneros-, sino al conjunto de la población, y deberíamos congratularnos sin reservas de que sea así».

En este afán de recuperación de la memoria de Chaves Nogales también deberíamos de incluir a los cineastas Luis Felipe Torrente y Daniel Suberviola, con su documental Manuel Chavez Nogales. El hombre que estaba allí, en el que aparecen varios de los testimonios comentados anteriormente.

Con el avión como medio de transporte,  Chaves se sitúa como pionero en la utilización de los adelantos técnicos del siglo XX. Le fascinan «estas máquinas voladoras», sobre las que escribe en repetidas ocasiones.

Portada de La vuelta a Europa

En varios de los capítulos de La vuelta al mundo en avión, dedica amplios párrafos al hecho de volar, a las sensaciones que produce ver el mundo desde lo alto. Una nueva concepción del hombre y de la tierra, desde que aquel la sobrevuela, aparece en el primer capítulo, «Desde Madrid al mar». Es lo que Chaves denomina «el modo aviador». Así nos habla «del sentido cotidiano del vuelo», y dice: «es preciso que viajen en avión todos, los tenderos y los canónigos y las amas de cría. Mientras la acción de volar no sea universal no haremos nada (…). Mientras los horteras no digan a sus amantes, como símbolo de firmeza, que serán tan constantes como la estela de un barco en el mar, no habrá triunfado el «modo avión»; las incorporaciones de la acción de volar a la sensibilidad humana…»

Este hecho de que el hombre pueda volar, uno de los logros más importantes de la humanidad, lo manifiesta Chaves en numerosas reflexiones.

El volar ha influido en la percepción de la magnitud terrestre: «La aviación ha empequeñecido el mundo. Terminará por transformar radicalmente el sentido que de él teníamos. La Tierra, hasta que los aviones empezaron a surcarla, no tenía la medida de lo humano. Era demasiado grande para nosotros».

También reflexiona sobre la nueva estética que supone la visión del mundo desde el cielo: «Hasta ahora las ciudades se construían para ser vistas de lado. De aquí en adelante habrá que pensar en las exigencias de la perspectiva vertical».

Estos avances tecnológicos, como el avión y demás esfuerzos de la humanidad, han valido «(…) para que yo ahora, sencillamente, sin ninguna molestia ni heroicidad, me acomode en un butacón de la confortable cabina de uno de estos pajarracos metálicos y salga a dar la vuelta a Europa en unas cuantas jornadas con mi estuche de aseo, unas camisas, unos pijamas y unos libros. Los quince kilos de equipaje reglamentario. No se necesita más».

Una parte muy significativa de La vuelta al mundo en avión es su visión de la URSS, donde permanece la mayor parte del viaje, «rondando por Rusia durante un mes», y que supone más de la mitad del libro. Así, en el subtítulo, claramente expresa: «Un pequeño burgués en la Rusia roja». Allí Chaves continúa su periplo aéreo realizando varios viajes internos que le llevan desde la frontera letona hasta Moscú; desde la capital hasta el Caucaso; desde Georgia hasta Leningrado.

Sus apreciaciones sobre el país que encuentra a su llegada son muy elocuentes del devenir de la revolución bolchevique. Escribe sobre la revolución, los líderes políticos y  revolucionarios una vez hecha la revolución; el enfrentamiento entre las teorías de Trotsky y Stalin, el triunfo de Stalin y el destierro de Trotsky.

Sobre la sociedad soviética y sus modos de vida: las mujeres, los niños, los popes, los tenderos, los soldados, los policías, los periodistas. Sobre la visión que tienen del país los visitantes  extranjeros: «(…) la impresión que Rusia produce al viajero occidental es desastrosa. Pero esta impresión, puramente visual, no es absolutamente cierta. De la obra revolucionaria, el viajero no ve más que las resquebrajaduras, las fallas, el albergue incómodo, el tren que no llega, el taxi caro, la falta de urbanización de las calles…»

Chaves Nogales describe sus impresiones rusas con admiración y a la vez con rotunda crítica. De una parte, alaba los logros que la revolución le va mostrando en sus viajes internos por la URSS. De otra, condena abiertamente lo que para él no funciona, lo que no se ha hecho bien. Pero también se muestra indulgente con la realidad rusa, ya lo hemos visto en el párrafo anterior, que a veces no es que sea negativa, sino que los extranjeros no saben apreciarla y se quedan sólo con lo superficial. Y es consciente de que queda mucho por hacer, a pesar de haber pasado diez años desde «el bolchevismo».

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