Lister / Francisco Umbral (El Mundo. 12/11/1994)

Posted on 2022/05/02

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Enrqiue Líster Forján (1907-1994)

Enrique, capitán, Líster de fuego, hoy te hemos visitado entre unos mármoles que desdecían de tu conducta macho. Enrique, general, Líster de golpe, hoy hemos esparcido tus cenizas por el Teruel adusto que te olvida.

Defendiste Madrid como una roca, y eras la roca humana de la fe, defendiste Madrid como un compadre y no tienes un mármol que enumere tu grandeza callada de soldado y tu fe comunista en cada cosa.

General de los hombres, capitán del peligro, conversamos despacio cuando volviste lento como un duro patache oliendo a hombre cansado y a vieja guerra sepia. Enrique Líster, jefe, estaliniano loco, eras tan de una pieza que Stalin recelaba.

Renuncié a convencerte, prefería tus palabras, hombre de roca hispana fijo en el cielo luso. Hombre de azul granito tan fijo como el cielo, general de los pobres en cuatro continentes. En ti revoluciones no eran cosa científica, sino ganar la guerra y matar a los malos, tu honradez espantosa, tu honestidad da miedo, pero has muerto despacio, junto a la Eme/Cuarenta, donde el capitalismo raudo te acariciaba.

Todo lo hemos perdido, cuéntaselo a Machado: «Si mi pluma valiera tu pistola…» Machado quiso hacerte capitán de la vida, Machado era sencillo, Machado era pacífico, pero llegó un momento en que el asco de España le hizo añorar tus armas frente a su pluma estéril.

Ay qué momento, Lister, miliciano glorioso, hombre de realidades fijas como los astros, ay qué momento, Líster, general de la vida. Nadie sabe con tiento lo callado que fuiste, nadie sabe que Stalin te guardaba rencores.

Tú eras pueblo de España, una roca rodante que empujaban los ángeles rojos de aquella guerra. Madrid has defendido como un hombre muy solo, eras un solo hombre rodeado de soldados. Madrid te debe mucho, tu condición de estatua y la fe que pusiste en salvar la Cibeles.

Teruel, tierra de hombres, hoy dora tus cenizas, Teruel, qué gran batalla, tu inteligencia en marcha. Eras ese talento que formula el destino, eras un cuerpo recio que aloja la metralla. López Salinas dice que nunca te olvidamos, cómo voy a olvidarte, inteligencia roja. Enrique, tú eres pueblo, Líster de España ciega, tu herida y tu conducta, general de la vida, nos devuelve a la entraña berroqueña de España. Fíjate cuántas eñes me han salido de golpe, capitán del idioma que moviera la guerra, general de los mapas, estantigua de Rusia.

Hoy te hago el poema en prosa, Líster amanecido, porque me da la gana y porque fuiste grande, y sólo el pueblo en masa, berroqueño y llovido, puede parar la fiesta de los terratenientes. Todavía hay comunistas, que lo sepas de muerto, minuto de silencio que te hemos reservado. Me llueven cementerios a tantos de diciembre, me llueven generales porque tú estás ausente, pero creo que tu esfuerzo, general de las cosas, no se ha perdido en vano y hemos salvado un niño.

Líster, coño, tu nombre suena como un disparo, una palabra llana con acento de pólvora, fuiste el mito violento de nuestra adolescencia, luego fuiste el amigo que transcurre en pasado. Hoy te hemos visitado al costado del viento, hoy te hemos abrasado a la luz de la niebla, y tengo que decirte, capitán de mi España, que los hombres más duros han llorado de rabia. El «llanto militar» que glosara Quevedo. El llanto popular acompaña tu ruina y milicianos lentos, muertos cuando la guerra, acompañan tu urna y recitan España.

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