Obituario: In memoriam Marcel Merle (1923-2003) I Roberto Mesa

Posted on 2026/04/20

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Revista Española de Derecho Internacional , ENERO-JUNIO 2003, Vol. 55, No. 1
(ENERO-JUNIO 2003), pp. 11-13

IN MEMORIAM MARCEL MERLE (1923-2003)

Roberto Mesa

Marcel Merle 1923 – 2003

Aquel Invierno del año 1970 fue muy duro. El terror del Proceso de Burgos helaba los corazones de los españoles. En el Bois de Vincennes, donde el Teatro del Sol representaba el mítico 1789, los termómetros bajaron a veinte grados bajo cero. En París, los sevillanos recitábamos el poema de Pepe Hierro, Los andaluces: «Decían: Ojú que frío…». El 30 de diciembre, serían las cuatro de la tarde, anochecía y nevaba, me encaminé hacia un pequeño café de la Plaza de la Sorbona, junto a la librería de Presses Universitaires de France. Tenía una cita con el Profesor Merle. Sólo sabía de él que era un especialista que, desde el campo del Derecho Internacional Público y de la Sociología, estaba renovando el estudio de las Relaciones Internacionales en Francia. Su presencia física ya me agradó desde el principio. Su aspecto, no sé por qué, cosas de la literatura, me recordaba a alguien entre Jean Gabin y el Presidente Pompidou. Él todo era una especie de Inspector Maigret. Tenía la campechanía de un francés de la Francia profunda, no de un parisino. Era de Saumur, localidad de tradición militar, en la Maine-et-Loire, donde había nacido un 23 de agosto de 1923. Lo conocí, pues, en su plena madurez intelectual.

El motivo de aquella cita invernal no era fácil. Un joven y desconocido profesor español llevaba una encomienda. Había recibido el encargo de Alianza Editorial de traducir una selección de textos realizada por Marcel Merle, titulada L’anticolonialisme européen de Las Casas à Marx. Su edición nos parecía, al editor, Javier Pradera, y a mí mismo, excesiva en cuanto a los autores franceses y mínima frente al pensamiento español y portugués; sólo se citaban unos párrafos de la obra más divulgada en Francia del trianero Bartolomé de Las Casas.

Tras las presentaciones, cortesmente francesas, le expuse a Marcel Merle mi pretensión: descargar la edición francesa de autores que yo creía prescindibles y multiplicar la nómina de españoles y portugueses. Con una sencillez que me desarmó, dijo: «Mire, desconozco el español y el portugués; en cuanto a la doctrina francesa, comparto sus reproches. Lo que quiero decirle es que tiene las manos absolutamente libres». Su generosidad no se detuvo ahí. Me permitió no sólo rehacer la versión española, sino incluso prologarla y firmar los dos su autoría. Cuando, poco después, se realizó una edición portuguesa se hizo sobre la española. Aún recuerdo su encanto ante la portada de Daniel Gil. Aquel episodio, como en las películas, fue el comienzo de una buena amistad.

Marcel Merle, hombre de su tiempo, se doctoró en Derecho, en 1949, con una Tesis titulada El proceso de Nuremberg y el castigo de los grandes criminales de guerra. Profesor Agregado en 1950, Catedrático de Derecho Internacional Público en la Universidad de Burdeos (1953), llegó en 1967 a la Universidad de París I y también impartió docencia en el Institut d’Etudes Politiques y en la ENA. En 1953, formó parte de la Delegación francesa en la Comisión de Naciones Unidas para la jurisdicción criminal internacional.

Sería prolijo enumerar sus muchas publicaciones. Sí quiero referirme a las traducidas al español. En primer lugar, La vida internacional (Madrid, 1965); y, sobre todo, su Sociología de las relaciones internacionales (Madrid, 1978 y 1991). De esta última, me encargué yo de sus dos traducciones. Sería una necedad de mi parte subrayar la importancia que la Sociología de las relaciones internacionales tuvo en las Universidades españolas y latinoamericanas, así como la influencia, tan importante, que tuvo, en su momento, en el desarrollo de nuestros estudios, desde una perspectiva muy distinta a la anglosajona. Obra que, por cierto, se tradujo también al inglés y al árabe. Fue una lástima que la estulticia editorial de nuestro país no mostrase ningún interés por otras de sus tres obras capitales: Forces et enjeux dans les relations internationales (1981), La politique étrangére (1984) y Les acteurs dans les relations internationales (1986).

Marcel Merle nunca olvidó sus orígenes como jurista. En 1973 dictó en la Academia de Derecho Internacional su curso Le Droit International et l’opinion publique. Hombre de su tiempo, como escribo más arriba, en 1991, publicó un excelente estudio, desconocido del público lector español, sobre La crise du Golfe et le nouvel ordre international que, hoy día, conserva toda su vigencia.

Pero detrás del profesor estaba el intelectual y el ser humano. La silueta a lo Maigret, se fue confirmando, más tarde, en sus encuentros y en las cenas en su piso del número 23 de la rue de Laos, junto al Metro Cambronne, en el distrito XV. Fumaba parsimoniosamente en pipa, mientras saboreaba una copa de oporto o de jerez. A su espalda, una espléndida biblioteca con ediciones originales de los clásicos franceses de los siglos XVIII y XIX de los que era un excelente conocedor. Su conversación, siempre amena y sugerente, era una lección impartida en un francés de una gran tersura y belleza; como ocurría, aún más, con sus textos escritos. Luego, a la mesa, con Madame Merle, Francoise, descubría su faceta de degustador de platos exquisitos y de buenos caldos de su tierra, gozaba de la vida. Era incesante hablando de sus seis hijos y de sus más de quince nietos.

En el Invierno de 1984, me invitó a impartir un Curso de Doctorado en su Cátedra. Fueron dos meses de aprendizaje a su lado. Recuerdo que, una noche, en vísperas de comenzar mis clases, organizó una cena en su casa para presentarme al resto del profesorado. Desde el Maestro Dupuy a Jean-Pierre Cot y a Madame Carrére d’Encausse, la que antes que nadie anunció la caída del imperio soviético. Todo un encierro de veras para un advenedizo del Sur. Así era de generoso Marcel Merle.

Con los años tuve ocasión de ir conociéndole más a fondo. Bajo su aspecto apacible, siempre en bon point, un tanto costaud, vivía un francés casi de la Tercera República, y, devoto del General De Gaulle. Nacionalista francés, que no tiene nada que ver con otros nacionalismos de campanario, Marcel Merle era un católico practicante y recatado que entregó buena parte de sus energías a las tareas de Justicia y Paz. Hasta la víspera de su muerte, su colaboración fue infatigable en las páginas de La Croix, proponiendo a su redacción un estudio sobre la Guerra de Irak que, en cierto modo, comparaba con la crisis de Suez.

Con la muerte de Marcel Merle, en el pasado mes de mayo, aún sin cumplir los ochenta años, desaparece uno de los grandes maestros de las Relaciones Internacionales del siglo XX. Su recuerdo estará siempre vivo en la memoria de los que tuvimos el privilegio de honrarnos con su amistad. Descanse en su paz.


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