La futilidad del pacifismo / Editorial de Rabkor.ru / Respuesta a carta de D. Denisov

Posted on 2014/06/26

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[Sociología Crítica. Esta es la respuesta que el grupo Rabkor.ru le ha dado a la Carta abierta a Boris Kagarlistky en la que D.Denisov expone los motivos por los que deja su colaboración y presenta sus críticas a la interpretación dominante en el grupo, en las que niega el carácter progresista o revolucionario de las repúblicas del Donetsk y Lugansk. Véanse también la llamada «Declaración de Minsk», en la que nos hemos permitido hacer unas observaciones previas y nuestro propio artículo «Una llama en el Donbass»]

26-06-2014

Ucrania
La futilidad del pacifismo  [o «pacifismo vacio»]

Editorial de Rabkor.ru

Traducido del ruso por Carlos Valmaseda

Denis Denisov, uno de los autores de la revista «Rabkor» ha decidido renunciar a colaborar con nosotros, para lo que ha escrito una carta abierta. Por sí misma la pérdida de autores, igual que la llegada de nueva gente, es algo completamente natural en la vida privada de una página web, tanto más cuanto se trata de una publicación política. Tenemos la esperanza de que Denis Denisov, habiendo dejado de escribir para Rabkor, siga siendo uno de sus lectores, y lea la página con mayor atención que con la que lo hizo en los últimos tiempos, a juzgar por su carta en la que, por ejemplo, nos acusa de intentos de «presentar las frases permanentemente contradictorias de los líderes de la RPD y la RPL como una línea con continuidad para la nacionalización de la industria», aunque precisamente nosotros hemos hablado más de una vez de vacilaciones, inconsecuencias y contradicciones en la política de las repúblicas populares, analizando la lucha de las fuerzas políticas que dirigen su futuro. Naturalmente aquí se encuentra la diferencia principal entre nosotros y una parte importante de los «radicales de salón» que prefieren utilizar cualquier antagonismo y debilidad del movimiento popular como excusa para no participar en los acontecimientos sociales, apartándose de la lucha y la responsabilidad.

La posición principal que Denisov opone a la línea de Rabkor en la participación activa en el proceso y diálogo de los movimientos de masas de Novorosía se encuentra en la «Declaración de Minsk» que exige, en opinión del autor de la carta, «de ambas partes del conflicto una paz inmediata sin condiciones previas». En realidad la declaración no exige esto sino algo directamente opuesto: presiona para un cese inmediato de la «operación antiterrorista» y la retirada de las tropas ucranianas del territorio de la RPD y la RPL, la firma de un armisticio del gobierno de Kiev con los insurgentes (en otras palabras, el reconocimiento de partes con iguales derechos en un conflicto armado). A pesar de toda una serie de flechas críticas, lanzadas contra la parte oficial de Rusia (plenamente fundamentadas, por cierto), la declaración esta plena y claramente dirigida contra las autoridades políticas ucranianas. Precisamente por eso la firmaron algunos miembros de la organización Borotba. Pero incluso así, provocó críticas de parte de otros activistas de la misma Borotba -como un conjunto de eslóganes abstractos que no están apoyados por ninguna fuerza política ni por un programa de acción-.

Mientras tanto, como vemos, Denisov (y quizá no solo él) interpreta la declaración de forma opuesta, cuando habla de alcanzar «una paz inmediata sin condiciones previas». Si por esto se entiende que lo que hay escrito en la declaración es la retirada de las tropas ucranianas gubernamentales, entonces esto significa la victoria de la RPD y el reconocimiento de facto de Kiev de las nuevas repúblicas. ¿Y si se entiende, por el contrario, la capitulación de la oposición de Donetsk y Lugansk? Estaremos de acuerdo en que en estas dos interpretaciones de «paz inmediata» se encuentran, por decirlo suavemente, algunas diferencias.

En realidad los autores de la declaración y sus lectores entienden perfectamente que no habrá ninguna paz inmediata, por muchas resoluciones y documentos que tomen grupos de intelectuales de izquierda reunidos en Minsk o en cualquier otra ciudad. Y los intentos de llamar a esto un «nuevo Zimmerwald» difícilmente convencerán a alguien que se encuentra en una escala similar de eventos. Porque la gente, reunida en Zimmerwald durante la Primera Guerra Mundial, tenían una influencia considerable, aunque no dominante, sobre los partidos de masas socialdemócratas de Europa, y lo más importante: eran políticos prácticos que pensaban en categorías de estrategia real. Si se habla de la estrategia contra la guerra de Lenin, esta consistía en, para atraer a su lado al ejército, cansado de la guerra, tomar el poder en el país y ya en calidad de partido de gobierno firmar la paz. Y para eso no paz a cualquier precio sino paz justa, sin anexiones ni contribuciones (precisamente por eso la delegación bolchevique encabezada en Lvov por Trotski se nego inicialmente a firmar el acuerdo de paz dictado por el imperialismo alemán en Brest).

El razonamiento sobre el nacionalismo del Sur-Este y otros atrasos ideológicos no surge de una valoración real de la situación sino que presenta un repertorio de sellos intelectuales precocinados procedentes de los mass media reaccionarios y de los recursos de la izquierda liberal, que construyen en serie la imagen de una «insurrección de los subhumanos». Esto no signfica en absoluto que en Donetsk no haya problemas y contradicciones. Las hay y muchas, incluidas las ideológicas. Pero estos problemas son de un tipo completamente distinto de lo que piensa la ideología del establishment. Solo puede juzgar sobre la situación aquel que directamente haya socializado con la gente a la que ahora se les acusa de todos los pecados. Sobre todo se trata de la monstruosa, la catastrófica confusión en la cabeza de la gente, de la falta de capacidad para expresar sus propios pensamientos y formular sus intereses. Sí, este retraso del movimiento y la sociedad son extremadamente peligrosos precisamente porque si no se lucha contra esto, si no lleva a cabo un trabajo propagandístico y educativo dentro del movimiento, todo esto tarde o temprano llevará a la acumulación de soluciones ineficaces y poco prácticas y después al colapso de las jóvenes repúblicas. Pero las teorizaciones arrogantemente abstractas de los intelectuales, igualmente despreciativas tanto de la «baja» actividad práctica como de la gente que realiza esta actividad, no solo no mejoran la situación sino que se convierten en parte común del frente propagandístico de la reacción, cuya esencia consiste en la prueba de la imposibilidad de la existencia de democracia como poder de las masas, como política creada por el mismo pueblo en su mayoría.

Naturalmente, la masa de gente ya arrastrada al proceso en curso no tiene tiempo para reflexionar sobre estos temas. Ellos simplemente ya no tienen otra vía que la participación en los acontecimientos. Les guste o no, la gente tiene que dedicarse a la política real, el choque con la cual tanto temen los intelectuales liberales de izquierda. Para estos últimos la única alternativa son las actividades éticas, condenando rutinariamente cualquier violencia y crimen, pero rechazando analizar las raíces y las causas y por tanto perdiendo de vista la trágica inevitabilidad de los acontecimientos.

En términos de estrategia la actitud ética hiperquisquillosa de algunos intelectuales gira en torno al hecho de que dejan a la gente -todavía débiles, inconscientes y sin experiencia- solos con la fuerza que está intentando destruir la misma civilización de la Ilustración, incluidos sus fundamentos éticos. Y deja tras de sí un desierto quemado. En Ucrania no hay un conflicto de civilización, hay un conflicto de restos de la civilización -degradada y hundida- con la actual barbarie. La barbarie en la situación actual es no solo la ferocidad del Sector de Derechas o los señores neoliberales de Kiev, Bruselas y Washington, sino que es llevada a la superficie por la «espuma» de la historia -bandidos, aventureros y obtusos pequeñoburgueses de la cúspide de la

El camino para el cese de la guerra civil en Ucrania es mediante la reforma política radical, mediante el reconocimiento de la igualdad de todos los pueblos y regiones que forman el país, mediante negociaciones entre las partes en conflicto. Pero esto a su vez no ha sido posible hasta ahora, mientras el poder de Kiev no acepta la derrota en su lucha contra el Sur-Este insurgente. Y mientras no decida hacer esto y prosiga la guerra, utilizando el apoyo de Occidente, no hay ningún otro camino a la paz que la resistencia. Si las autoridades rusas apoyan en este momento esta resistencia, esto significa que hay que utilizarlas. Además este apoyo es completamente insuficiente y no demasiado sincero -si no fuese por la creciente presión de la sociedad y por el crecimiento del autoorganizado movimiento de solidaridad con Novorosía en el territorio de Rusia, casi seguro que habríamos sido testigos de la confabulación de las oligarquías rusa y ucraniana-.

Pero esta es la tarea de la lucha política, la de influir en la situación. Y en este caso, movilizar a todas las fuerzas en Rusia que podamos para que un acuerdo como este no llegue a alcanzarse. Para no permitir que se haga realidad esta «paz sin condiciones previas» que inunda de sangre el Sur-Este de Ucrania y condena a todo el país a vegetar bajo el poder del régimen oligarca reaccionario.

Fuente: http://rabkor.ru/debate/2014/06/19/emptiness