En España no hay republicanismo político organizado con peso y presencia porque la burguesía republicana, las clases medias de la época republicana, fue literalmente barrida del mapa, físicamente —cárcel, muerte, exilio—, y culturalmente, —destruidas la escuela y la cultura de la libertad pública por tantos años de dictadura—.
A esta destrucción se le suma la destrucción del movimiento obrero y de todas las manifestaciones de cultura proletaria que el movimiento obrero había ido creando. La enormidad de la represión y la reconstrucción de la vida social sobre las bases del nacional-catolicismo, de la lógica nacional falangista primero y el relevo posterior de los tecnócratas del Opus nos hizo pasar a la sociedad del desarrollismo desde el franquismo.
Las clases medias de los años 60 en adelante no eran continuadoras de los valores laicos, republicanos y democráticos radicales de los republicanos de Azaña y los demás, sino hijos del desarrollismo franquista, de origen obrero formados por la Iglesia y el Sindicato Vertical mientras la burguesía propiamente dicha se reconstruía pasando del fascismo a lo liberal con la fracción democrática histórica que había existido erradicada literalmente.
Llegamos al presente con una brutal alienación en casi todos los sectores. Los trabajadores con valores postmodernos y negando su condición de asalariados, y las clases medias alienadas doblemente, por su condición precaria y por la falta de valores democráticos. Lo que asustó a la oligarquía en los años 30 no fue a inexistencia de una clase media que sustentara el sistema democrático que supuestamente volvería inviable la República, en modo alguno, la oligarquía abominaba de la democracia y optó por el golpe y la guerra de aniquilación, lo que les asustó es que esa clase media que deseaba un estado republicano moderno, democrático y social tenía valores laicos, librepensadores, reformistas y republicanos radicales. No es de extrañar que España fuera el único país que resistiera al fascismo, pues fue el único lugar en el que la fracción democrática de las clases medias se alió con el movimiento obrero. La derrota arrasó con todo.
Los años 60 trajeron la clase media que deseaba el sistema, precaria, de origen obrero y por ello desclasada, con una mezcla de síndrome de niño maltratado como memoria de la guerra y la represión, formada en un entorno cultural donde la Iglesia y el Opus controlaban el ambiente, las empresas asumían los valores liberales neocapitalistas y el consumismo se convertía en la única promesa de mejora social.
Si quieren saber porque productos políticos basados en la manipulación, el cinismo y el discurso populista crecen en estos momentos de crisis y porqué la supuesta alianza de la «izquierda» abomina de la República, del laicismo y de la lucha contra la impunidad del franquismo, la respuesta es fácil, porque tenemos la izquierda que construyó socialmente el franquismo y los cuarenta años de propina que nos regaló una Transición basada en la más completa y envilecedora impunidad.
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geoffreyankders
2016/05/10
Es desde luego sorprendente que se trate de explicar la evolución política de España como que se murió Franco y vino la democracia, pretendiendo que la brutal dictadura no hubiera dejado efecto, una dictadura que tuvo por fin, no simplemente aterrorizar, sino humillar y traumatizar para que la herida perdurara al pasar el tiempo, para que el pueblo no volviera a atreverse a levantar la cabeza. En efecto, hubo en mi opinión esos profundos cambios sociales que describes. Una pequeña burguesía aniquilada, y una clase obrera también de nuevo cuño formada sobre todo de la emigración rural que, por un lado a causa de la dictadura, y por otro lado a causa del desarrollismo y de ese origen separado, nacía cortada de la tradición política, la moral y la conciencia de clase. Pienso que el odio a la dictadura es lo único que impedía completar el programa político de lograr un pueblo sometido a las clases dominantes, y en un contexto en que el capitalismo español requería de una serie de cambios estructurales imposibles de llegar a cabo sin la complicidad de una amplia base social, eso explica más que nada la Transición.
Lo que de ahí surgió puede ser formalmente una (muy limitada y lastrada) democracia burguesa, pero si no tenemos en cuenta todo este desarrollo histórico y sus consecuencias, sino que nos limitamos a ver si cumple los criterios de la definición del diccionario o algo así, estaremos haciendo una interpretación ideal de las cosas, no una materialista, y no estaremos entendiendo su significado político… estaremos haciendo una abstracción excesiva por decirlo con otras palabras, para no llegar a decir más que trivialidades («esto es una democracia burguesa»… pues vale, todo el mundo lo sabe). Estaremos tirando al bebé junto con el agua del baño, como dicen los ingleses.
Todo esto también nos indica por qué la II República no es mera cuestión de justicia con el pasado, lo mismo que ocurre con lo que se llama memoria histórica. Pues hay que superar la herida social que causó la dictadura (y el régimen actual se basa en su perpetuación a la vez de que está para perpetuarla). Qué problemas nos vienen del pasado y están hoy aquí en el corazón de la situación actual, qué problemas hay que corregir y superar, y por tanto por qué la III República es una necesidad.