Publicado en El Obrero 13 de marzo de 2026
Los efectos de la guerra de Israel contra Irán, a la que Benjamín Nethanyahu ha llevado del cuello a un sumiso Donald Trump, escala cada día un grado más en su extensión y gravedad. El número de muertos y heridos comienza siniestramente a crecer. En medio de una maraña de bulos y mentiras sutilmente elaboradas para provocar en el bando contrario desconcierto y en el propio coartadas para justificar la escalada, el ciudadano de a pie trata de encontrar un rincón de la realidad por donde averiguar cómo están en realidad las cosas de esta sucia guerra en la cual, lo más evidente es lo absurdo e indeterminado de sus propósitos: derrocar el régimen de los ayatolas, eso se dijo que esta guerra se proponía.
La coartada de los belicistas de este lado pregonaba arropar al pueblo iraní en su lucha contra el rigor islamista, aplicado sañudamente contra las mujeres a las que atávicas costumbres imponen en Irán un atuendo represor. Coartada falsa. Occidente no solo no hizo nada sino que se frotó las manos cuando fue salvajemente decapitada la verdadera oposición al régimen islámico: nacionalistas, comunistas, socialistas, fedayines, mujaidines… fueron pasados por las armas en sucesivas purgas sin miramientos, pese a que habían protagonizado en 1978 una revolución inicialmente republicana y progresista. De ella fueron arteramente desplazados por los ayatolas, que se hicieron con el poder. La oposición laica iraní, lo había dado todo Irán contra un régimen monárquico altamente despótico, instalado por un golpe de Estado de la CIA que, para conseguir el petróleo y enredar en el bajo vientre de la URSS, creó la policía política más cruel de la historia contemporánea, la temible SAVAK.
Un islamismo funcional entonces
Centros de poder occidentales percibieron que el islamismo resultaba funcional para erradicar el laicismo político del socialismo nacionalista árabe, del nasserismo, el baasismo y el comunismo en el Medio Oriente, para lo cual, Washington, Londres y París cerraron los ojos ante las matanzas de las fuerzas laicas iraníes y miraron para otro lado, saludando objetivamente la atroz represión emprendida por Teherán contra partidos y sindicatos progresistas. Su denuncia causó la caída en desgracia del Ayatollah Montazeri, designado sucesor del imán Ruhholla Jomeini.
Ahora el verdadero problema, generado por la impericia, la cortedad de miras y la falta de visión estratégica occidental, está servido: ¿quién puede asumir hoy dentro de Irán la lucha eficaz para conseguir un régimen democrático alternativo al del clero chií? La respuesta es el silencio.
Las legítimas protestas femeninas contra la imposición de atuendos y costumbres arcaicas no parece suficiente para cristalizar en una oposición iraní vertebrada y eficaz. La represión de las manifestaciones ha sido enorme. Pero, visto lo visto, solo la cultura política de las tradicionales organizaciones políticas y sindicales progresistas, descabezadas con el silencio cómplice occidental, hubiera garantizado la consistencia de una oposición organizada y capaz de erigirse en alternativa.
La fórmula monárquica, que muchas banderitas persas fotografiadas desde el aire algunos ilusos creen que asegurarán algo, olvida los padecimientos causados al pueblo iraní por la SAVAK del Shahanshar, el rey de Reyes, reinstalado a punta de pistola por el general Norman Schwarzkopf, que ejerció su reinado de terror desde los años 50 hasta su destronamiento en 1979. Claro que la alta burguesía iraní gozaba de libertades, todas las tuvo, mientras el campesinado iraní acudía en masa a las ciudades para languidecer o devenir en un lumpenproletariado al que los ayatolas le entregaron las armas del naciente aparato de Estado islámico.
Pretender ahora que el Mossad israelí o la tan políticamente torpe CIA norteamericana van a ser capaces de improvisar una alternativa política consistente en Irán forma parte de los mitos atribuidos a estos dos servicios secretos, sirvan dos ejemplos: el israelí, fue incapaz de prevenir, siquiera, el brutal ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 que desencadenó la aniquilación, por decisión de Nethanyahu, de la población infantil de Gaza, hoy todavía en curso. Y la CIA, pese a su falsa aureola impuesta por Hollywood, ya mostró su eficacia cuando hizo morder el polvo de la derrota a Estados Unidos en Bahía de Cochinos. Son dos ejemplos, entre muchos otros, que desbaratan los tópicos al uso.
Sin control
Mientras tanto, la guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán repta hacia una escalada incontrolable. No podemos fiarnos de la información israelo-estadounidense que nos llega de allí, como tampoco de cierto triunfalismo difundido por Teherán en clave heroica. Lo cierto es que el Estrecho de Ormuz, joya geopolítica persa, ha sido incendiado por Irán y que los efectos de su cierre recaen sobre los europeos, aliados cada vez más incómodos para Estados Unidos y más incomodados con la Casa Blanca, ya que las desorbitadas alzas de precios del petróleo no encuentran una justificación política contundente que Washington pueda dar a sus hoy tan desconfiados amigos.
El colmo ha sido la luz verde dada ahora por Washington a Europa para que pueda acceder al gas ruso tras aquella sospechosa voladura, mediante un sabotaje submarino, del gaseoducto ruso Nord Stream 1 y 2 hacia Alemania, sabotaje que asfixió entonces la economía germana, la más importante del Viejo Continente. Cosas más relevantes veremos en el curso de esta guerra fruto de las contradicciones y pesadillas de dos tipos de baja estofa moral, Donald Trump y Benjamín Nethanyahu, de amplia incultura política el uno y desproporcionada e irresponsable ambición el genocida.
Por su parte, el régimen iraní paga ahora el precio de su intransigencia y crueldad pues la decapitación, en su día, de la oposición político-sindical progresista, en sucesivas purgas desde 1980 hasta nuestros días, le priva ahora de un baluarte social de masas con el que afrontar lo que se le viene bélicamente encima.
Von der Layen, desorientada
Efecto colateral gravísimo de esta guerra han sido las declaraciones, rápidamente corregidas, de Úrsula von der Layen, Presidenta de la Comisión Europea, al asegurar que el sistema de relaciones basado en leyes ha dejado de existir. La ex ministra de Defensa germana, con sus declaraciones y pese a la apresurada enmienda, exhibió su verdadera convicción, lo cual pone de relieve el alto grado de sumisión hacia la lógica de Donald Trump que parece haber interiorizado de forma tan inquietante como acrítica. Si sitúa en la misma órbita que el tal Mark Rutte, secretario general de la OTAN o el endeble canciller alemán Merz. Ambos parecen convencidos de que Europa no tiene suficiente con el enfangamiento europeo en la inacabable guerra de Ucrania sino que también debe meterse en esta otra sucia contienda surgida del capricho ultra-sionista de Benjamín Nethanyahu por conseguir el Gran Israel, convirtiendo a su país en el único hegemón del Medio Oriente con la inestimable ayuda del patán rubio de Mar a Lago.
Que se les vaya quitando de la cabeza que sus fantasías vayan a tener final feliz. La vulnerabilidad de las bases americanas en la zona, Bahrein, Qatar, Arabia Saudí, Irak, Turquía ha aflorado abruptamente, al recibir sin defensa los drones iraníes. Fuertes rumores, a la espera de una confirmación o de un mentís que, visto lo visto, nunca llegará, señalan que la importantísima base israelí de Nevatim, que alberga la flota de F-35, ha registrado un ataque con 200 muertos. No conviene olvidar que no demasiado lejos de Gaza, en el desierto del Neguev, donde se ubica la base militar de Nevatim, se halla asimismo el complejo nuclear de Dimona que, según parece, sigue siendo el epicentro del arsenal atómico de Israel, a no ser que este arsenal se encuentre fuera del Estado judío.
Si Estados Unidos ha vuelto a emplear la temible bomba del tipo GBU para destruir instalaciones subterráneas de Irán, Teherán por su parte conoce no únicamente la vulnerabilidad propia, sino también sabe dónde se encuentra el talón de Aquiles militar de Israel: son muchos años de observación mutua.
En el otro bando, la base naval de As Mubarak, que controla hasta ahora el Estrecho de Ormuz desde el litoral iraní, atrae hacia sí toda la atención de los estrategos norteamericanos e israelíes, desconcertados por ignorar, como desconoce la Casa Blanca, cuál es el propósito político real de esta guerra, propósito que, según toda la doctrina militar desde Von Clausewitz en adelante, debiera alumbrar, si no se quiere incurrir en el fracaso, el rumbo de las decisiones bélicas.
El Gobierno progresista de España ha mostrado la justeza de los planteamientos de la mayoría social opuesta a esta guerra infame. Quiera el destino que tales planteamientos encuentren un ámbito geopolítico europeo que los convierta en irreversibles.
Rafael Fraguas
Rafael Fraguas (1949) es madrileño. Dirigente estudiantil antifranquista, estudió Ciencias Políticas en la UCM; es sociólogo y Doctor en Sociología con una tesis sobre el Secreto de Estado. Periodista desde 1974 y miembro de la Redacción fundacional del diario El País, fue enviado especial al África Central y Oriente Medio. Analista internacional del diario El Espectador de Bogotá, dirigió la Revista Diálogo Iberoamericano. Vicepresidente Internacional de Reporters sans Frontières y Secretario General de PSF, ha dado conferencias en América Central, Suramérica y Europa. Es docente y analista geopolítico, experto en organizaciones de Inteligencia, armas nucleares e Islam chií. Vive en Madrid.
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Posted on 2026/03/13
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