La muerte del coronel Joseph Putz (Grossenheim, 1945). Testimonio del Tte. AntonioVan Baumberghen Clarasó

Posted on 2026/01/22

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Ficha del Teniente AntonioVan Baumberghen Clarasó Bamba IPH Universidad de Zaragoza. Sobre el papel de Van Baumberghen en la formación de la 2ª División Blindada de la Francia Libre, véase Cuerpos Francos de África CFA

Tte. AntonioVan Baumberghen Clarasó
Coronel Joseph Putz (Grosenheim, 1945)
Escudo de la 2ª División Blindada de la Francia Libre

Pons Prades, Eduardo (1975), Republicanos españoles en la Segunda guerra mundial, Planeta, Barcelona, pp.406-407

(…)

El 27 de noviembre, la 2ª división blindada es relevada por la 3.ª división de infantería de los EE.UU. A primeros de diciembre, Leclerc conduce su unidad hacia el sur, librando fuertes combates con blindados enemigos, a los que apoyan unidades de paracaidistas, en la zona Witternheim-Bindernheim, al NE de Sélestat, cerca del Rin. Los alemanes habían realizado días antes importantes destrucciones, y los blindados de Leclerc, en cuanto se alejan de las pistas, se enfangan. La infantería dirá, una vez más, la última palabra. Una sección de la Novena que manda Granell, apoyada por paracaidistas franceses, toma Witternheim el día 13, a las nueve de la noche. Los campos de minas enemigos han impedido a los blindados de Leclerc desplegar su movilidad acostumbrada y realizar sus golpes de mano sorpresa. Pero, de todas formas, los objetivos son alcanzados con una puntualidad verdaderamente asombrosa.

A fines de diciembre, la 2ª División blindada es relevada y marcha a descansar a Sarrebourg, a Eywiller y a Phalsbourg, al NO de Estrasburgo, una región que los alsacianos llaman la Siberia. El 20 de enero de 1945, las fuerzas de Leclerc se trasladan a la región de Elsenheim y Jebsheim, al NE de Colmar, que los norteamericanos han tomado el 24. La orden de operaciones que se entrega a la 2ª división blindada prescribe el rastreo de los bosques que hay al este de la carretera que va de Sélestat a Colmar. Los combates son durísimos, sobre todo los que se desarrollan en la noche del 26 al 27 de enero. En uno de los bombardeos de artillería enemiga mueren el teniente coronel Putz, el comandante Puig (dos veteranos de las Brigadas Internacionales), el capitán Ferriquet y otro oficial de Estado Mayor.

El teniente Van Baumberghen Clarasó nos ha narrado el suceso:

Una de esas mañanas de tanto frío, en las carreteras y los campos blancos helados, donde mi jeep patina más que anda, a duras penas consigo llegar al P.C. De nuestra subagrupación, donde tengo la alegría de volver a encontrar a mis viejos amigos Putz y Puig, el artillero. Allí está también, como siempre, su capitán de E.M., el simpático Florentin… el mismo con el que tú te carteas ahora, sí.

Las fuerzas del P.C. están diseminadas y bien camufladas en los bosquecillos. Tomo nota de lo que unos y otros necesitan, y el capitán médico nos ofrece una taza de excelente café. Me marcho sorteando pepinazos alemanes prosigo mi tournée. Putz me manda recado y regreso al P.C. Le encuentro algo raro. Lleva una manta por encima de la cabeza, sobre su casco, del que no se separa nunca. Me pregunta si todo marcha bien y me aconseja que si he terminado de recoger pedidos que me vaya, porque aquello se pone feo.

-Y ya sabe, Bamba, que si usted nos falla, nosotros no podemos dar ni un paso más… ni nosotros ni los tanques.

Así lo hago, sin pensármelo dos veces, Salgo a un pequeño calvero del bosque, que sirve de parking a los coches-radio del P.C. y a su antena de curas de urgencia, monto en mi jeep y echo por una pista que conduce al P.C. de la Novena. Pero no he hecho más que recorrer un centenar de metros cuando veo aparecer a un jeep del EM. de la división, cuyo chófer me hace señas para que me detenga. Van en él dos oficiales de E.M., que me preguntan por el teniente coronel Putz. Les indico el emplazamiento de su P.C. y se dirigen hacia él. Tardo cinco o seis minutos en volver a poner en marcha mi coche. Y, durante ese tiempo, caen por aquellos parajes un verdadero diluvio de obuses. Cuando, al fin, consigo arrancar, he de echarme a un lado en seguida para dejar paso a dos ambulancias, que salen del P.C. del batallón a toda velocidad. Regreso al P.C. y me entero que han matado a Putz, a Puig y a los dos capitanes que se habían cruzado conmigo minutos antes. Triste mañana aquélla, en verdad.

Sigo mi recorrido y cuando explico al comandante Dronne lo ocurrido, toda la Novena queda consternada ya que Putz era un viejo compañero de armas. Estuvo mandando Internacionales en el norte de España y luego en el Ebro. Pese a que tenía un genio de mil demonios, era muy querido por los españoles de Leclerc. Aquel día, como verás, escapé a la muerte gracias a Putz, porque, de no haberme aconsejado que me marchara, puede que me hubiese entretenido saludando a viejos amigos y…

Exequias por el Tte. Coronel Putz en Colmar


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Posted in: Novedades