(Un análisis de la profesora Ángeles Díez*, Doctora en Ciencias Políticas y Sociología, Profesora de la Universidad Complutense en Madrid)
Los últimos acontecimientos políticos -la creciente conflictividad social, el ascenso de una fuerza política inexistente hasta las elecciones europeas, la abdicación del rey Juan Carlos en su hijo y el despliegue del Escudo antimisiles estadounidense en la base militar de Rota-, evocan la máxima marxista de que los hechos y personajes de la historia aparecen primero como tragedia y luego como farsa.
Aunque en el Estado español tragedia y farsa parecen entrelazarse sin mediar apenas un suspiro y las farsas, ¡ay… las farsas!, parecen darse de dos en dos.
El ascenso de Podemos no deja de recordarnos la meteórica ascensión del PSOE, también en una época en la que la conflictividad social iba in crescendo, lo viejo no acababa de morir, lo nuevo no acaba de nacer, la continuidad del régimen estaba en cierta forma amenazada por la deslegitimación del sistema político y los intereses geoestratégicos del imperio estaban poco confortables en un escenario tan inestable.
No soy la primera que, percibiendo las analogías, habla de una Segunda Transición aunque la mayor parte de los discursos que interpretan los acontecimientos actuales en esa clave suelen hacerlo a modo de justificación de la necesidad de renovar, de nuevo, el sistema político para garantizar la paz social, es decir, la estabilidad (económica y política) que nos saque de la crisis y nos lleve, de nuevo, al imaginario paraíso socialdemócrata: más consumo, más clase media, más trabajo, más… Son pocos los que trascienden el discurso exitoso de la renovación del régimen de la primera transición, ni siquiera desde posiciones de izquierdas.
Las analogías, que no identidades, son muchas pero lo que interesa analizar es el grado de locura de una sociedad como la nuestra, a la que se le ofrecen las mismas respuestas a idénticos problemas y espera resultados distintos.
Esta nueva entrega de Transición cuenta con personajes renovados, más jóvenes, más guapos y mejor preparados.
Un guión fiel a las profecías de las encuestas del CIS (Centro de investigaciones sociológicas) y en sintonía con la cultura preformativa postmoderna de unos jóvenes “sobradamente preparados”.
No en vano, cuajada de jóvenes profesionales en precario, la propuesta política de Podemos elabora un producto a la medida de los resultados de las investigaciones sociológicas de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología, utiliza las asambleas de los círculos a modo de “grupos de discusión” para su campaña de publicidad y los debates y críticas para ajustar el discurso y la puesta en escena.
Del mismo modo, saca partido de mercancías tecnológicas comoAppgree, que monitorean las redes sociales y que ya mostraron su gran eficacia en crear ilusión participativa en el programa de televisión Gran Hermano.
Desde la eclosión de las movilizaciones que arrancaron en el 2003 con el No a la guerra hasta el estallido del 15 de Mayo del 2011, lo que está en juego en España es la legitimidad del sistema político en su conjunto. No de un partido en concreto, ni de una casta política o económica.
La confluencia de una crisis de legitimidad política y la necesidad de un cambio de modelo económico hacia mayores cuotas de explotación dan lugar a que todas las fuerzas conservadoras se dirijan a garantizar la estabilidad. Especialmente en el ámbito político que es donde se juega la legitimidad, es decir, la aceptación o no del modelo de explotación.
Sin esa estabilización parece difícil controlar a una población que históricamente se ha decantado bien por la revolución bien por el fascismo.
De modo que, en estos momentos, del mismo modo que ocurrió en la primera Transición, todas las fuerzas del mal se ponen a la tarea la estabilización o de la paz social.
Un sistema político, como un barco, puede desarrollar una estabilidad estática (cuando las aguas están tranquilas) o dinámica (cuando hay olas y viento). Cuando esas aguas son turbulentas, como en el momento actual, la mejor opción parece ser cabalgar las olas, o las mareas.
Esta opción supone apropiarse del discurso, es decir, contar historias porque, en un mundo civilizado, todos saben que convencer es más eficaz que vencer (reprimir).
La dictadura franquista, aun sin ser civilizada, no renunció a contar historias a través del NoDo, noticiero con el que recreaba un país ficticio; Felipe González no escatimó en recursos narrativos prometiendo sacarnos de la estructura militar de la OTAN (aunque con lengua de serpiente).
Ahora RTVE (Radio Televisión Española) toma el testigo del NoDo y el líder de Podemos nos cuenta que sin ser de izquierdas ni de derechas se pueden cambiar las relaciones de poder.
En el mundo de la política los relatos son los principales elementos de estabilización. Incluso si no son verosímiles basta con que se reconozca la sinceridad del que los emite o con apreciar que se trata de una buena actuación. El cinismo se hace consustancial al discurso político, pero también al discurso académico, y especialmente al mediático.
Hoy la vida política está dominada por los storytelling o la“folletinización” que permite a la clase política (la consolidada y la aspirante) conjurar la amenaza de muerte que los pueblos dictan en su contra desde el mismo momento en que son elegidos.
Apropiarse del relato, de la lectura de los acontecimientos, es el principal pilar de la dominación. Pero también, la mejor forma de despejar las calles y llevar de nuevo a las personas al sillón de su casa delante del televisor.
Como dijera la delegada del gobierno de Madrid, Cristina Cifuentes –refiriéndose a Podemos-, si ya los antisistema han aceptado el sistema, bajará la conflictividad social y la gente no tiene por qué manifestarse.
Ciertamente la política contemporánea es apenas otra versión del intercambio de mercancías, los políticos se venden como marcas (la imagen) y los electores se asemejan a los consumidores a los que se les venden los productos (partidos políticos) con relatos exitosos en folletos publicitarios (programas electorales).
Ganar unas elecciones es pues tan complicado o tan sencillo como acertar en la campaña de marketing y conseguir los recursos necesarios para lanzarla. Esto lo sabía ya Felipe González y lo saben aún mejor los jóvenes expertos de Podemos.
Los estadounidenses son especialistas en esta “folletinización” de la vida política. No en vano las empresas de relaciones públicas -que es el nombre que reciben las empresas de comunicación que diseñan tanto campañas electorales como campañas de guerra-, junto con las empresas de armas son las que mueven más dinero en el mundo.
La competencia en el mercado de la política se disputa en el campo de la comunicación y como han demostrado James Carville (director de la campaña de Bill Clinton), Kart Rove (el cerebro de Bush) y David Axelrod (conocido como el Narrador de Obama) la clave está en “conquistar la narración del mundo” .
En este campo no cabe duda de que las enseñanzas Hollywood son dignas de tener en cuenta y nos sirven, a título de hipótesis, para entender el éxito electoral (presente y futuro) de Podemos y para comprender por qué, con el objetivo de la “estabilidad necesaria”, todas las fuerzas políticas se aproximan al patrón mediático de éxito que será también el del éxito electoral, y que los publicistas estadounidenses resumen en:
- 1) Contar una historia,
- 2) ser breve,
- 3) ser emocional .
De la misma forma que en la primera Transición el marketig electoral vino de la mano de Julio Feo, directivo de una empresa de publicidad norteamericana, los nuevos tiempos también tienen como referencia las campañas estadounidenses.
En este caso, en la campaña de Obama de 2008 donde se consolidaron las claves de lo que ya son las campañas electorales de Europa, tal y como profetizaba el escritor Christian Salmon: dominio de la retórica, poder de escenificación, arte del relato y nuevas tecnologías digitales.
En esta segunda entrega de la Transición el nuevo partido, Podemos, extiende idénticas recetas: inevitabilidad de la aceptación de las reglas del juego político, pragmatismo, desideologización (ni de izquierdas ni de derechas) y oportunidad.
Sólo resta por perfilar el difícil equilibrio entre la violencia que supone reconocer el conflicto y apostar por la paz social.
Es probable que la conflictividad social de finales de los setenta llevara el germen de una verdadera revolución socialista –así lo atestigua la inquietud de las instancias de poder, los viajes de Prado Colón de Carvajal (administrador privado del rey durante 20 años) a EEUU, etc.
En cualquier caso, en ese momento, como entonces, la contención social implicaba un maquillaje político creíble, una figura joven y un proyecto emocional.
Se daba la necesidad de contener el conflicto social tanto por la derecha como por la izquierda.
Por la derecha se neutralizaría a los sectores fascistas con la figura del rey Juan Carlos –elegido por Franco y personalmente interesado en la continuidad del modelo-, por la izquierda, el PSOE se presentaría como la opción más realista para conjurar los demonios de una segunda guerra civil.
El príncipe Felipe convertido en Rey supone ahora un intento, precipitado, por relegitimar la monarquía, la ampliación del tratado de utilización de las bases de Rota y Morón se saca de todas las agendas mediáticas para no mentar la bicha del “No a la Guerra” o “No a la OTAN” y los tecnoexpertos de Podemos despiertan, de nuevo, la ilusión de la renovación política.
Siguiendo con las analogías, tras la eclosión de las movilizaciones masivas del 15M, las mareas, las marchas, el cuestionamiento de organizaciones sindicales, partidos políticos, etc. hacían vislumbrar la posibilidad de una ruptura de efectos imprevisibles.
Sin embargo, las dificultades para que toda esa movilización se convirtiera en organización, la paradoja de una sociedad indignada pero no lo suficiente como para romper la baraja, han creado las condiciones propicias para el triunfo de una tercera vía posibilista.
El votante-espectador quiere salir del shock pero sin coste, sin el inmenso esfuerzo de ser él el protagonista, el sujeto que es parte y toma partido, el sujeto que no elude el conflicto y asume riesgos.
Felipe González o Pablo Iglesias son figuras intercambiables de ese deseo. Como entonces, se establece el par ilusión-desafección. El público elude el conflicto real, prefiere verlo representado, de ahí el éxito de las Tertulias. Pero además la magnitud de la crisis hace urgente que algo cambie.
Para unos, la situación personal es ya crítica, para otros, los jóvenes, presas del mal de la impaciencia y del mito edulcorado del mayo del 68 es la oportunidad que no se puede desaprovechar, es el aquí y ahora.
La gente, dicen los promotores de Podemos, quiere “ganar ya”. Vivimos en un mundo virtual e instantáneo. El aquí y ahora se imponen sobre la durabilidad de los cambios, lo que Bauman llama elsíndrome de la impaciencia.
Igual que ocurre con el consumo de la comida precocinada se compra lo que antes había que hacer. Es decir, se opta por los atajos. La cultura postmoderna es la cultura del espectador, del mínimo esfuerzo y del camino más corto.
Los jóvenes contemporáneos, educados y formados para desplegar las virtudes del consumidor (el consumo aparece como la tabla de salvación de la economía) son caracterizados a la perfección por Bauman:
“Hoy, las ansiedades de los jóvenes y sus consecuentes sentimientos de inquietud e impaciencia, así como la urgencia por minimizar los riesgos, emanan por un lado de la aparente abundancia de opciones, y por otro del temor a hacer una mala elección, o al menos a no hacer “la mejor disponible”; en otras palabras, del horror a pasar por alto una oportunidad maravillosa cuando aún hay tiempo (fugaz) para aprovecharla” .
Este es el tipo mayoritario de jóvenes que se decantará por la nueva opción electoral.
Por otro lado, en el caso de las generaciones que vivieron la primera Transición emerge el sentimiento de “su última oportunidad”; conocen, porque la sufrieron, la experiencia del PSOE pero su momento vital les lleva a buscar-desear desesperadamente que ahora sea diferente.
En este sentido Podemos funciona como un antibiótico de amplio espectro proporciona alivio a varias generaciones.
No creo en las conspiraciones, ni que la realidad sea el resultado prefijado de quienes teniendo en sus manos los hilos del poder nos mueven como marionetas.
Tampoco creo que los sujetos que, en determinado momento son convertidos en protagonistas, tengan un plan más allá de perseguir sus propios intereses, o tal vez sus deseos.
Pero sí se que, una mirada atenta y desprejuiciada nos permite encontrar un hilo narrativo, una explicación coherente de por qué pasan las cosas, quienes son los más interesados en que pasen de la forma en que pasan, cómo se promocionan y alimentan determinados procesos mientras que otros son bloqueados, silenciados y eliminados.
¿Por qué se vuelve tan relevante para la vida política y los medios de comunicación españoles un fenómeno como Podemos y por qué dejan de ser importantes las movilizaciones de miles de personas en todo el Estado el 22 de Marzo?
¿Por qué es más relevante cualquier actuación mediática del líder de Podemos que el genocidio palestino? Preguntas como estas nos ayudan a encontrar la lógica interna que explica el devenir político-social más allá de los dimes y diretes del show tertulítico.
Como señaló también Marx en el 18 Brumario: “Hoy, la sociedad parece haber retrocedido más allá de su punto de partida; en realidad, lo que ocurre es que tiene que empezar por crearse el punto de partida revolucionario, la situación, las relaciones, las condiciones, sin las cuales no adquiere un carácter serio la revolución moderna” .
Crear un punto de partida no puede hacerse desde la aceptación de las reglas del juego, tampoco desde la emoción etérea, ni siquiera desde la pura retórica, menos aún desde la butaca de nuestro salón que es donde están, en estos momentos, la mayoría de los futuros votantes de Podemos.
Esperemos que los cientos de mujeres y hombres comprometidos y bien intencionados que se han prestado a filmar, producir, actuar y participar de diversas formas en esta nueva entrega de la Transición sean capaces de sobreponerse a la frustración y la impotencia, y que en algún momento, ojalá sea pronto, pueda retomarse la construcción de un punto de partida que, si pretende resolver los problemas planteados será dando soluciones distintas, es decir, revolucionarias.
Madrid 29 de septiembre 2014
*Ángeles Díez es Dra. en Ciencias Políticas y Sociología, profesora de la Universidad Complutense de Madrid (UCM)
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franco lisi
2014/09/30
El articulo es la suma de cinismo, mala fe, resignación con dinamita revolucionaria. La derecha y la izquierda socialista europea se turnan para lo mismo: austerity. En Italia lograron lo inimaginable, gobiernan juntos. La decadencia de los viejos partidos no puede ser mayor.
Frente a este panorama, toda experiencia alternativa que trata de expresar las reivindicaciones de los movimientos sociales antisistema debe ser bienvenido, por supuesto que cometerán errores.
dedona
2014/09/30
la izquierda sistemica es la que no actúa como tal izquierda sino como ayudante del poder renunciando a todo…, y de esa, ciertamente,estamos rodeados. Pero si el caudal de resistencia lo encabeza quien dice que no hay derecha e izquierda, y que eso debe ser superado, y que la ideología nos separa y se debe renunciar a ella, pues entonces ¿qué tenemos sino es un engaño más?
Carlos
2014/09/30
Excelente artículo.
Solo sé que en las acampadas el que pedía montar un partido 15M era linchado en la plaza. Que toda la energía que se gasta en los círculos antes se usaba en hacer acciones y parar ciudades. Y uno de los lemas siempre fue televisión = manipulación. Hoy solo me queda la sensación de que realmente detrás de todo hay gente muy poderosa que nos llevan de un lado a otro cuando quieren (ahora estan reprimiendo los mossos #acampada9n).
Yves
2014/10/01
No tengo nada que ver con Podemos ni les voté. El artículo me parece muy interesante hasta que se empieza a hablar del “síndrome de la impaciencia”.
La farisaica plutocracia globalista utiliza la idea de la búsqueda de satisfacción inmediata de los deseos, de la que acusa a la masa, como excusa para deshumanizarla y autovalidarse en su rapiña. Este tipo de planteamientos ya los desarrollaron experiencias políticas levantiscas hace unos ochenta años. Este argumento aparece en el discurso de una profesora de una universidad del sistema (esto último es puro pleonasmo) y hecha a las ubres académicas de las universidades del sistema, que son, digamos, “más o menos todas”. He de decir que yo bebí de la misma leche hasta que decidí no hacerlo.
Las cosas se pueden conseguir ya. La manera de que eso no ocurra nunca es plantearse que no es posible. Y ya se encarga de ello el sistema: por ejemplo a través de algún profesor que niega que existan conspiraciones, cuando en realidad habría que ver si hay algo que no lo sea, o habría que definir qué es conspiración. Y esto es demostrable: para resumir, no hay más que atender a todos esos atentados y golpes de Estado de bandera falsa que aliñan o deforman la historia del mundo contemporáneo, y en especial la inmediata; cómo se manipulan hasta la extenuación la información, la enseñanza e, incluso, la cultura de élite; y un larguísimo etcétera.
Las CREENCIAS no son muy científicas. Podría esperarse una propuesta un tanto más científica, y no ya formalista. Pues quisiera ser directo –si acaso excúseseme la rotundidad y esta corrección política– al afirmar que cuando se dice “no creo en las conspiraciones, ni que la realidad sea el resultado prefijado de quienes teniendo en sus manos los hilos del poder nos mueven como marionetas” se está equivocado incluso en la manera de plantearlo. Y no lo argumento como una opinión porque lo tengo exhaustivamente investigado. Sí se mueven hilos (no ya “los” hilos): a los “leediscursos” a través de los que nos gobiernan y tejen su tela de araña los ponen ahí los plutócratas rapiñeros. Nuestros sistemas educativos, desde párvulos a la universidad, los deciden ellos y, así, la mentalidad de una enorme mayoría y una enorme cantidad de la mentalidad de todos. Otra cosa es que consigan moverlo todo. Investigar conspiraciones no es el mejor camino para triunfar en la ‘Universidad del Sistema Plutocrático Globalista’. Que se lo pregunten a Antony C. Sutton. Y, por cierto, el análisis que se hace del ritmo por el que se mueven las cosas podría ser plausible y a tener en cuenta. Otra cosa es que se pueda conocer todo, incluido el futuro (¡quién iba a pensar…!).
Decir que sean sus intereses lo que persigan (los sujetos en cuestión) podría sonar a proyección y a simple descalificación, como sería hacerlo con quien firma el texto que lo afirma por el hecho de haberlo escrito. Todo el mundo persigue sus propios intereses: los plutócratas que esquilman, los profesores que escriben, quien ahora les responde e incluso quienes votan a Podemos o a cualquier otra opción, y ¡ay de quien no lo haga! Otra cosa es que esos deseos, que son siempre de poder, sean comunes a muchos… esquilmados y en buena parte esclavizados –que no es sino esclavizar el objetivo final de aquellos plutócratas y todo lo demás es dar vueltas–. ¡Que sean sus deseos!… parece que lo son también de todos los que les han votado y otros muchos que no lo han hecho por hartazgo, aunque tal vez lo hagan en las siguientes elecciones, y en muchos casos sin mucho entusiasmo, con poca información y sí por pura desesperación. No será mi caso, que no votaré.
No veo que la manera sea entrar en el Régimen para subvertirlo desde dentro, pues el sistema es experto en fagocitarlo todo, aun un cambio mediante un periodo constituyente que aspire a la representación política que hoy no existe en absoluto en España ni en casi ningún sitio. Prefiero hacerle el vacío. No entiendo que a día de hoy esa revolución no sea de dimensión supranacional, como el sistema. Tal vez me equivoco. Pero aliento el espíritu de quienes han tomado la iniciativa llamada Podemos. Lo entiendo como un peldaño.
¿Cuales son las soluciones distintas?
Boro
2014/10/01
Lo he leído entero, aunque con esfuerzo. No veo qué aporta, salvo una sucesión de lugares comunes, lecturas mal digeridas y un sin fin de hojarasca textual. Típico «análisis» universitario de la pésima Universidad que tenemos.
franco lisi
2014/10/01
FIN DE LA IZQUIERDA NACIONAL EUROPEA Y NO SOLO EUROPEA
El encanto neoliberal indujo a confundir la irreversibilidad del proceso de integración europeo con la imposibilidad de modificar los contenidos y las direcciones. Romper el encanto neoliberal significa redescubrir hoy el espacio europeo como espacio de lucha, de experimentación y de invención política. Como terreno sobre el cual la nueva composición social de los trabajadores y de los pobres abrirá quizá una perspectiva de organización política. Luchando sobre el terreno europeo, una organización tal tendrá la posibilidad de golpear directamente la nueva acumulación capitalista. Y solo sobre el terreno europeo se puede plantear ya tanto la cuestión del salario como la de la renta, la redefinición de los derechos como la nueva dimensión del Welfare, las transformaciones constitucionales internas en los países individuales como la cuestión constituyente europea.
Fuera de este terreno, no hay realismo político.
Se ha organizado ya un bloque hegemónico con variantes heterogéneas (Angela Merkel, Mariano Rajoy, Hollande con sus diferentes formas de violencia). Aún las fuerzas de derecha que se presentan como “antieuropeas”, o populismo europeo, juegan su opción sobre el terreno europeo, apuntando a ampliar los espacios de autonomía nacional en la constitución de la UE, (con discurso demagógico), pero incapaces de desarrollar un discurso político plenamente europeo.
Por tanto se presenta aquí la ocasión para una intervención política de quienes se baten por romper tanto el encanto neoliberal como el “populismo” o neonazismo antieuropeo.
En el horizonte no está la “recuperación” europea, si por tal entendemos retroceso del desempleo, disminución de la precariedad, etc., pero quizás pueda descartarse que siga profundizándose la crisis, en un escenario de relativa estabilidad con plena hegemonía de un capital de naturaleza extractiva (explotación tradicional y de la riqueza social)
En este panorama solo la organización y luchas que puedan converger son bienvenidas, multiplicando su propia potencia “local” pero dentro del marco europeo. La experiencia latinoamericana, hasta el momento, estaría marcando esta tendencia.
No se han verificado luchas por afuera del capital global, es probable que no existe un afuera de la sociedad capitalista actual.
Yves
2014/10/02
Este discurso no se sale de «la sociedad capitalista actual», como si esta fuera un clima inmutable. La actual decadencia del capitalismo le urge a moverse, y lo hace así, con urgencias, pues necesita ir más allá de sí mismo y reinventarse, y parece que ya. Lo hace en apariencia apelando a soluciones finales, quirúrgicas, simples y trilladas. No sé de qué sirve todo eso de Europa más allá o más acá, cuando Europa (la UE y todo eso) es una herramienta del sistema destinada a ser sólo un paso en el advenimiento de no sé qué absolutismo total o totalitarismo absoluto. Una respuesta exige vislumbrar más allá de la polarización utópica monopolista en la que el capitalismo se disuelve.