versión: 18 DE JUNIO DE 2011
“Sólo una crisis, real o percibida como real, permite un auténtico cambio”. (Milton Friedman, padre intelectual del neoliberalismo)
“he aprendido que las costumbres viejas pueden romperse a través de estímulos dramatizados, diseminados por una red de comunicaciones”. (Edward L. Bernays, padre de la ingeniería social al servicio del neoliberalismo)
En las sociedades de economía capitalista o economía de libre empresa, donde el dinero es el regulador de las relaciones sociales (sistema monetario), el único objetivo de quienes ostentan el poder fáctico, que no son precisamente los líderes políticos o gobernantes, sino aquellos que detentan el poder económico, es el de la consecución de, cada vez, mayores tasas de ganancia, a través de una mayor explotación de las grandes mayorías (reducción de salarios, aumento de precios de bienes básicos, desprotección social…) independientemente de que esto pueda ser perjudicial para el bienestar de éstas. El fin último es el de aumentar su poder y consolidar su posición de clase dominante. Si no se tiene clara esta obsesión enfermiza de las élites dominantes por una incesante acumulación de poder, nunca conseguiremos realizar un análisis correcto de la sociedad capitalista.
Para conseguir los citados objetivos, el poder se dio cuenta de que la sola utilización de la fuerza no era suficiente y que debía de recurrir a técnicas de persuasión de masas, para que éstas aceptasen voluntariamente su condición de dominados y la posición dominante de una élite minoritaria. El propio Napoleón llegó a decir “¿Sabes lo que más me divierte de todo? La impotencia de la fuerza para organizar las cosas” (1). En este sentido, la religión, que tan útil había sido durante tantos años a reyes y aristócratas para someter la voluntad de sus súbditos, ya no era suficiente (aunque seguía siendo de gran ayuda) para edificar las modernas sociedades industriales esclavistas, y, por lo tanto, eran necesarias otras técnicas de persuasión o manipulación de las conciencias.
Así nació la ingeniería social “intento de recabar el apoyo del público para una actividad, causa o movimiento a través de la aproximación, la persuasión y la información” (2). Una ciencia, en la que el poder invirtió multimillonarios esfuerzos para su desarrollo y perfeccionamiento, pues había mucho en juego, nada menos que el control de toda la humanidad y del mundo.
La ingeniería social tuvo y tiene como objetivo fundamental convencer a las grandes mayorías de la población sobre la necesidad de adoptar hábitos y formas de vida que, independientemente de que puedan ser perjudiciales para ellas (hacinamiento de la población en grandes urbes para su explotación y alejamiento de los seres humanos de formas de vida más naturales y más sanas), son altamente rentables para que un pequeño grupo ejerza un poder absoluto y caprichoso sobre dichas mayorías y sobre el conjunto del planeta.
Para la consecución de sus objetivos, la ingeniería social construye fenómenos sociales, que moldea, desarrolla y convierte en masivos a través de la basta red de medios de comunicación de masas (televisión, radio, prensa, cine, internet, etc), propiedad de la clase dominante (oligarcas capitalistas), con el apoyo de otras instituciones estatales a su servicio (judicatura, policía, ejército, etc).
De este modo ha hecho, por ejemplo, que la amenaza terrorista sea una de las mayores preocupaciones de toda la humanidad, a pesar de que existan menos posibilidades de fallecer por un acto de terrorismo que de ser alcanzado por un rayo, dejando en un segundo plano otro tipo de muertes antinaturales como los accidentes laborales, los accidentes de tráfico o los suicidios, a pesar de ser todos estos tipos de muerte, infinitamente superiores al de las muertes por terrorismo y consecuencia directa del deshumanizado modelo de vida industrial capitalista. El objetivo buscado con este fenómeno de ingeniería social, conocido con el nombre de terrorismo, es el de llevar a la mayor parte de la población a la búsqueda irracional (motivada por una sensación de miedo permanente) de un líder protector, al que entrega su libertad a cambio de seguridad, asegurándose con ello la continuidad y el fortalecimiento de las sociedades industriales capitalistas.
El movimiento 15-M o movimiento de los indignados es otro claro ejemplo de un fenómeno social, construido según las leyes de la ingeniería social.
Existen múltiples pruebas de ello, desde la vinculación de multitud de personajes que han contribuido a su formación y extensión (Enrique Dans, Martin Varsavsky, Eduardo Punset, Federico Mayor Zaragoza, etc) con la oligarquía capitalista, pasando por las técnicas de propaganda empleadas, típicas del marketing publicitario capitalista (mensajes cortos y fácilmente asimilables por el mayor número de personas posibles, como Democracia Real Ya o No Les Votes, un principio típico de la propaganda goebbeliana), hasta el descarado apoyo y colaboracionismo de las instituciones capitalistas con el movimiento (difusión de las convocatorias y actos a través de los medios de comunicación de masas, facilidades de los ayuntamientos para dotar de electricidad y otros servicios a las acampadas, permisividad absoluta para desarrollar actos públicos nunca antes concedida a ningún otro colectivo ciudadano, etc). Por otra parte, las críticas de la extrema derecha mediática y los diferentes actos de violencia policial (también ampliamente difundidos), han tenido como objetivo reforzar la apariencia popular e independiente del moviendo, para aumentar su credibilidad ante el gran público.
Todo esto es fácilmente apreciable para las mentes abiertas, tras un rápido análisis, el problema aparece cuando tratamos de buscar su verdadero objetivo. ¿Qué pretenden con ello?
Según algunos, el objetivo es canalizar el creciente descontento social, provocado por la crisis económica, hacia caminos asumibles por el sistema, mediante la creación de un movimiento de disidencia controlada, que tendría como objetivo neutralizar las protestas, para que todo siguiera igual. Otros van más lejos y aseguran que el verdadero propósito de las revueltas de los indignados no es sólo el de contemporizar, sino, más bien, el de revolucionar y transformar las actuales estructuras sistémicas, para conseguir un cambio favorable para los intereses de las clases dominantes.
¿Contemporización o Revolución?
Teniendo en cuenta que uno de los principios del capitalismo es el de la búsqueda sin fin del máximo beneficio, y el hecho de que, en estos momentos, parece haber llegado a un punto de estancamiento (real o percibida como real), me parece poco acertado (y un tanto ingenuo) pensar que este nuevo producto de ingeniería social sea tan sólo un medio de mera contemporización, y no una forma de reinventarse a sí mismo, con el propósito de aumentar nuestro grado de explotación. Además, si el objetivo fuera el de la simple contemporización, ya disponía, para ello, de muchos otros mecanismos de control social, que se han revelado muy eficaces en el pasado, como el de la amenaza terrorista, analizado anteriormente (3).
Para saber si el objetivo buscado, con el 15-M, por la clase oligárquica, es una nueva revolución capitalista, destinada a transformar las estructuras sistémicas, debemos analizar detalladamente, las críticas y las demandas realizadas por el mismo, y, especialmente, si, de cristalizar éstas en un resultado favorable, ello supondría algún tipo de beneficio para sus promotores (oligarquía capitalista).
El blanco principal de las críticas de los indignados ha sido la clase política, dejando en un segundo plano a los empresarios y al modelo de sociedad industrial capitalista. Estas críticas hacían referencia a la incapacidad de los primeros para gestionar adecuadamente los asuntos públicos. Las subsiguientes demandas, por lo tanto, venían en la línea de reducir el papel de los políticos en tales asuntos públicos, y promover una mayor intervención de los ciudadanos en los mismos, pero sin especificar ningún tipo de limitación a la conocida como iniciativa privada (fundamento de la economía neoliberal o capitalismo), aunque ello acabe abocando a una subordinación de la mayoría a los intereses de una minoría.
Este planteamiento coincide plenamente con los postulados anarcocapitalistas, minarquistas (4) y, en general, con el neoliberalismo más extremista, que busca la reducción de las funciones del Estado, en las antinaturales y deshumanizadas sociedades industriales capitalistas, a un papel mínimo (el de mero defensor de la propiedad y la iniciativa privada), para permitir una total libertad de movimientos a la iniciativa empresarial privada más codiciosa.
Esta coincidencia entre los planteamientos de unos y otros se puede apreciar muy claramente al comparar el Informe Transforma España (5), elaborado hace una año por la Fundación neoliberal Everis, y las demandas recogidos en las diferentes asociaciones que conforman el movimiento 15-M (Democracia Real Ya, No Les Votes, Juventud Sin Futuro).
La pregunta que se nos puede pasar por la mente al llegar a este punto es: “Pero si el Estado-nación ya era una herramienta de la clase dominante, para conseguir asegurar la explotación de una mayoría en beneficio de una minoría ¿por qué hacerle desaparecer o reducir su intervención a un papel mínimo, si tan útil venía siendo?”.
La respuesta en sencilla: “El Estado-nación ya ha cumplido la función para la que fue creado y por lo tanto, actualmente, es más un rémora que una ayuda en la obtención de mayores ganancias, además existen otra serie de instituciones de tipo supranacional menos proteccionistas (ONU, Fondo Monetario Internacional o Banco Mundial) que velarían por asegurar un perfecto funcionamiento del capitalismo internacional, sin interferir lo más mínimo en la iniciativa privada, por muy salvaje que ésta fuera”.
Veamos a lo que me refiero. El Estado-nación, tal y como lo conocemos hoy en día, comenzó a apuntalarse a partir de las revoluciones burguesas del siglo XVIII, con los primeros tratados constitucionales. Desde ese momento, comienza a desarrollar, en los diferentes países, con mayor o menor intensidad, una lucha sin cuartel para incorporar (encadenar) al mayor número de seres humanos posibles al sistema de producción industrial y al sistema de relaciones sociales basado exclusivamente en el intercambio monetario, para lo cual no dudó en llevar a cabo matanzas indiscriminadas de campesinos y el robo sistemático de sus tierras, entre otras barbaridades. De este modo, fue destruyendo, poco a poco, anteriores hábitos de vida y de relaciones sociales mucho más humanas, naturales y sanas (debemos dejar a un lado el proceso de demonización de que ha sido objeto el medio rural, por los propagandistas del estatismo) que las actuales formas de vida contemporáneas (6).
Desde entonces hasta ahora, todos los procesos estatalistas puestos en práctica, en los diferentes países (independientemente de su signo ideológico), han tenido básicamente la misma función: encadenar al los seres humanos al industrialismo y al sistema de relaciones sociales basado en el intercambio monetario, para que una élite minoritaria y privilegiada se beneficiara de ello.
En la actualidad, estos objetivos ya han sido conseguidos plenamente (separación definitiva de la especie humana de hábitos de vida más acordes con su naturaleza y la adaptación progresiva a los actuales hábitos de vida industriales deshumanizantes), sin existir prácticamente (o al menos hacerse muy difícil) vuelta atrás para el género humano, por lo que ya no se hace necesaria una institución como el Estado-nación, tal y como se había entendido hasta ahora, especialmente, su función de garantizar unos mínimos derechos sociales, pues esto sólo supone un gasto totalmente prescindible para las élites y un obstáculo a sus deseos de un mayor nivel de explotación de los seres humanos.
Resumiendo, los Estados-nación fueron, en su tiempo, una herramienta necesaria y muy útil a las clases dominantes para conseguir nuestra adaptación y encadenamiento progresivo al sistema de producción industrial y a las relaciones sociales basadas en el intercambio de dinero. Estos objetivos han sido alcanzados con total éxito y nuestra dependencia de tales sistemas es prácticamente total, por ello, la pervivencia de los Estados-nación, tal y como eran entendidos hasta ahora, sólo supone un gasto prescindible y un lastre que impide a la oligarquía reinante conseguir una mayor tasa de beneficios y un mayor grado de subordinación de la especie humana a sus intereses, debido a lo cual, y siguiendo la lógica del capitalismo, se hace necesaria su desaparición (o la reducción de sus funciones al mero papel de gendarme de la propiedad y la iniciativa privada), a la vez que se centraliza el poder, definitivamente, en instituciones supranacionales (ONU, FMI, BM…) que aseguren dicho salto hacia el fin de los antiguos Estados-nación y hacia un modelo de esclavitud globalizado, totalmente impune.
Para camuflar este nueva vuelta de tuerca a nuestra condición de esclavos, la clase dominante está utilizando unos métodos muy parecidos (indignados) a los utilizados en su día para la Revolución Francesa (miserables 7), disfrazando como demandas populares lo que no es otra cosa que las ansias enfermizas de poder de unos pocos. Pues como decía Edward L Bernays, el padre de la moderna ingeniería social “cuando queremos modificar la actitud o incidir en algún comportamiento, después de examinar las fuentes de las creencias establecidas, se debe, o bien desacreditar las viejas autoridades, o bien crear nuevas autoridades articulando una corriente de opinión contra la vieja creencia o a favor de la nueva” (8). En este sentido, el 15-M realizaría las funciones de «desacreditador» de las viejas autoridades y de demante de otras nuevas.
Desgraciadamente, Éste no será el último producto de la ingeniería social capitalista para impulsar su Revolución Minarquista, y la destrucción de los actuales Estados-nación (o su reducción a la mínima expresión), aún nos queda por ver cosas mucho más chuscas y obscenas, pues esto no ha hecho más que empezar.
¿Buscas una solución? La cosa está muy difícil, pero si decidimos hacer lo posible por recuperar nuestra esencia humana e intentamos imaginar formas de vida más acordes con nuestra naturaleza que las actuales sociedades industriales, quizás podamos conseguir algo.
Termino haciendo mía una frase de Wilheim Reich: «Revolución no significa conciliábulos clandestinos ni distribución de propaganda ilegal, sino una llamada abierta y pública a la conciencia humana sin rodeos ni subterfugios» (9).
Notas:
(1) Biografía de Napoleón de Emil Ludwig.
(2) “Ingeniería del consentimiento”, de Edward L. Bernays.
(3) Recomiendo la lectura del libro “Falso terrorismo made in USA” de Webster G Tarpley.
(4) Definición de anarcocapitalismo y minarquismo por la Wikipedia http://es.wikipedia.org/wiki/Anarcocapitalismo
(5) Acceso al Informe Transforma España http://www.transformaespaña.es/images/stories/Informe_te.pdf
(6) Consultar el libro de Félix Rodrigo Mora “Naturaleza, ruralidad y civilización”.
(7) Referencia al término utilizado por el escritor francés Víctor Hugo, para calificar la situación de las masas durante el Antiguo Régimen y justificar la necesidad de las revoluciones burguesas del siglo XVIII, que instalaron los Estados burgueses.
(8) “Cristalizando las relaciones públicas”, de Edward L. Bernays.
(9) Prólogo a la tercera edición de «La Revolución sexual» de Wilheim Reich.
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JOSE
2012/10/03
suponiendo que todo lo expuesto sea cierto y el 15m, 25s, 29s no son «autenticos» ni validos y viendo la situacion de UI, UGT, CCOO, CGT, CNT, ¿quienes son alternativa? ¿donde estan?
dedona
2012/10/03
Una de las consecuencias de la entrada en escena de los grupos globalistas es que la cofusión creada es extrema. Hay gente con las ideas claras y la voluntad de resistir en muchos sítios. En general todos los que tengan claro que el problema no es la clase politica, sino la política al servicio de una clase, que la transición fue un fraude, que la memoria histórica es imprescindible para comprender que pasa, que la República es parte de la solución y que este Régimen tiene pánico a que se le recuerde que se basa en la impunidad del franquismo, que los sindicatos deben actuar coordinadamente y reforzar su carácter de clase y que se deben forjar alianzas lo más amplias posibles pero con unos objetivos claros —de izquierda, de clase, republicanos— para forzar polóticas distintas…, cualquier persona o grupo que asuma esto es de los que representan «alternativa». Y hay muchos. Se está intentando coordinarse, pero no es facil. La izquierda pactista de la transición y la burocracia sindical por un lado, y los globalistas por otro conforman un serio obstaculo: para organizarse y dar la batalla, claro, porque para el PP no suponen un peligro.
No estoy eludiendo tu pregunta. hay muchos grupos y mucha gente. la cuestión es si prospera la coordinación y la resistencia organizada.
MIra, el grupo inicial del 25S ha sido barrido del mapa por la coordinadora 25S que les ha suplantado. El peligro de que esto pasara era real desde el principio, pero se obstinaron en montar eso a su modo, con su gente y tratando de sumar a los gloablistas de los que procedían. El resultado es el que está siendo. El estado tiene ahora más excusas para reprimir y no se ha creado más que confusión, más sacrificio de la gente a la basura…. Desgastar a la gente estérilmente y desgastar al gobierno sin tener una oferta politica alternativa solo favorece a los sectores más duros del poder, aísla a la masa de los grupos de resistencia.
fran
2012/10/04
Otro más con el síndrome de Marat. Me extraña que se caiga tan fácilmente en estas solipsistas opiniones. Se hacen inferencias sin demasiada consecuencia lógica, se toma una metodología de lo más vulgar y anticientífico: la parte por el todo. Hay que comprender que el 15-M es un movimiento de movimientos – por seguir la caracterización de Tarrow o Ibarra-, no es una organización. Repito, no es una organización. La mejor cura para este tipo de paranoias es la investigación empírica y no quedarse sólo en las redes sociales. Ir a las asambleas que hay repartidas por todo el estado, hablar con ellos, debate, delibera o péleate con ellos. Estoy seguro que cambiarás o matizarás muchísimo tu opinión.
dedona
2012/10/04
permítame que disienta…. incluso metodológicamente hablando. El «ente» este tiene una estructura muy especial… que convendría analizar con rigor… El ecologismo, el anarquismo son corrientes, movimientos de movimientos, pero no tienen estructuras y nodos del mismo tipo que «esto». Hemos de volver con más calma.
adri
2012/10/07
El sindrome Marat? A eso llegais… ningún argumento. Yo coincido básicamente con el artículo, y no por seguir a nadie, no soy nada mesiánico. Pero un analisis de la situación me conduce a esta respuesta. No me cansaré de decirlo, la indignación sin una articulación política que lo acompañe no tiene largo recorrido para transformar en nada la sociedad.(Matizo:acompañamiento, no digo que los movimientos sociales hayan de surgir de las organizaciones políticas digo que han de surgir, quizá nuevos actores, que sepan interpretar el descontento y la voluntad de las agitaciones sociales) Sirve como valvula de escape, quizá consiga un cambio cosmético en el sistema tipo listas abiertas (para los más liberales eso es una gran profundización de la democracia, me rio de janeiro) o algo más de dureza con la corrupción por poner unos ejemplos. Pero en nada substancial cambiará la lógica capitalista pues no la ataca directamente. Incluso las manifestaciones del 25 S tenian defectos serios de salida, parece muy ingenuo pedir un proceso constituyente teniendo la correlación de fuerzas actual y sin poder alcanzar el poder político, y, en esta situación de iniciarse un proceso de reforma de la constitución o redactarse una nueva será más reaccionaria que la actual. Y no se trata de una conspiranoia ni de una teoría madein nosequé, se trata de un sencillo analisis de la historia, del constitucionalismo social sin ir más lejos:crisis de régimen, revuelta, cambio en la correlación de fuerzas y proceso constituyente. Mejico 1917, República de Weimar 1919 o España 1931;sin poder no hay tu tía, y ejemplos hay todos los que quieras, me gustaría ver alguno en el sentido contrario. Bueno, en realidad tenemos uno reciente, la constitución de 78 que al no suponer ruptura con el régimen y no cambiar sustancialmente la correlación de fuerzas pues fué la que fué ,y, además con una pistola encima de la mesa para que la poca fuerza que tenía la izquierda estuviese amedrentada. No me extiendo más porque los efectos de ese proceso constituyente fueron los lodos de hoy en día.
No sé a ciencia cierta si el 15M es un fenómeno perfectamente teledirigido por las élites, pero la verdad es que me importa poco, porque lo que si sé es que es funcional al sistema, y ahí, amigo mio, está el quid.
Otro lado del frente es la matriz de opinión que está impregnando estos movimientos y que tiende, hacia, al menos, el minarquismo. La corriente de opinión crecientemente antipolítica, antisindical y hasta antideológica a mi quizá me lleve más a pensar en una especie de neofascimo pregonando un sistema socieconómico con un horizonte de capitalismo popular. El ciudadanismo y la transversalidad de clase, a mi juicio, apuntan por ahí y esto no es ni más ni menos que el desarrollo del neoliberalismo: por el lado económico; con la desaparición del proteccionismo, la globalización del capital y la destrucción del estado social y el lado sociológico: consumismo y competitividad exacerbados, individualismo, tranversalidad y ruptura del diagnóstico de clase.
Si apoyais al 15M o al 25S o a CCOO me parece guay, lo único que pido a la gente progresista es que no lo hagais desde una perspectiva acrítica y que no tacheis a la gente que hace analisis sacandoles los colores como unos locos o salteis como un resorte diciendo «tienen el sindrome de Marat». Hay vida ahí fuera, mucha teoría revolucionaria y muchas experiencias históricas para aprender, al menos, a no cometer errores del pasado.
Un saludo