[ A. Ribas ] En estos momentos los titulares de la prensa europea vociferan que en Grecia han ganado los partidarios del “rescate” y del “euro”, mostrando al que quiera entenderlo la naturaleza ideológica y de clase de los medios de comunicación. Y anuncian, también, un gobierno de coalición entre ND y PASOC, sin esperar la formalidad de la proclamación de los resultados ni las declaraciones oficiales de los interesados, dejando así bien claro quién manda en las democracias capitalistas y que la derrota de Syriza estaba tan cantada como el resultado del referéndum OTAN en la España de 1986, cuyo pucherazo sí se hizo necesario, a diferencia de las elecciones de hoy en Grecia, donde aparentemente ni siquiera lo han tenido que considerar. A esta hora un primer comentario:
Si la burguesía democrática y la pequeña burguesía progresista griegas no han sido capaces de comprender que Syriza era el partido que representaba sus intereses en la fase actual de la degeneración capitalista en Grecia, y este domingo han dispersado parte de su voto entre lo que queda del putrefacto Pasoc (querencia masoquista por volver a la “casa común”), la Nueva Derecha, opción clasista y colindante de orden y adhesión conservadora, y la abstención (siempre la abstención antes que dar un paso a la izquierda), es que en Grecia, tal y como anticipaba el KKE, las condiciones de un cambio todavía no están maduras, no ya para una salida al margen del institucionalismo burgués, como analizan los comunistas, sino ni siquiera en el marco de un reformismo progresista como el de Syriza, que ha dicho en todos los idiomas que no quería romper las amarras con el cosmopolitismo europeísta. Es doloroso decirlo, pero la victoria de Nueva Democracia prueba que los griegos aún no han renunciado a sus falsa ilusiones y que, a veces, se está mal porque todavía se puede estar peor. Lamentablemente, las posibilidades de una segunda oportunidad para Syriza son remotas. Irrumpió electoralmente gracias a la eutanasia por exigencias del guión de la socialdemocracia, y constituiría una sorprendente rareza política que el cartero vaya a visitarla dos veces.
Pero la magnitud de la crisis la da el sorprendente comportamiento histérico de la derecha griega y de sus homólogos europeos, que han hecho de Syriza un peligroso enemigo a batir hoy domingo, cuando dicha coalición sólo podía ser para el capitalismo un repuesto provisional, a la espera de su cooptación, fractura interna o alguna medida más extrema de las que estas bestias se guardan en la faltriquera para aplicar a los transgresores, en el caso de no allanarse a sus exigencias. ¿O es que acaso alguien se ha podido creer que Grecia iba a poner condiciones al capital? ¿O es que acaso alguien se ha podido creer que le iban a dejar el paso franco a Syriza sin pactar previamente las condiciones de su acceso al gobierno? ¿O es que acaso alguien se puede creer que la violencia contra los trabajadores se va a resolver por las buenas?
Sin embargo, la crisis funciona como la tectónica de placas: cuanto más se demore el estallido mayor será la acumulación de energía y la explosión más violenta.
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Luis
2012/06/18
No me queda nada claro. Buena parte de Grecia ha preferido el voto a la derecha. Después que no lloren. ¿Algjuien se ha creído que existe un punto óptimo de madurez previo al estallido revolucionario? Lo cierto es que el conductismo y las técnicas de manipulación propgagandística más burdas funcionan con la mayor parte de la sociedad, un atajo de borregos ignorantes. Recuerdo, cuando en un programa de televisión, un hombre griego ya entrado en años, decía a los españoles: «¿no queríais Rajoy, toma Rajoy, toma?». Qué trágica es la historia. Hoy se ha vueltao contra el pueblo griego. Podemos seguir especulando, sobre sí la pequela burguesía ha dispersado el voto aquí o allá. Lo cierto es que el «vivan las cadenas» está mucho más extendido de lo que parece a primera vista.
fran
2012/06/18
Bueno, está claro que el miedo y la servidumbre voluntaria no es sólo un estado pasajero, sino un mecanismo muy interiorizado en las estructuras de comportamiento institucional, dígase, disciplina del voto. Es sorprendente la capacidad efectiva del sufragio para sublimar la euforia, el malestar, la rabia, el desconcierto y luego, transformarla en «legitimidad política», en falsa estabilidad o falsa delegación. Para quienes queramos transformar en algo esta sociedad agotada, la tarea se presenta hercúlea, ya que no sólo luchamos contra el modo de producción capitalista, sino también, contra unos roles sociales asignados subjetivamente. Pero ahí vamos.
pjmelián
2012/06/18
Espero que todos los que no votaron por Iriza y los poltrones que permanecieron en casa embruteciéndose mirando una partida de balompié (aún comprendo, hablo y escribo castellano), reciban otra buena paliza en sus ingresos.
Recordemos el viejo adagio: ´´El que por su gusto muere la muerte le sabe a gloria´´.
¡ A bajarse los pantalones, genuflexos, empinar el culín culeco peludo y a recibir golosamente la penetración de la rígida mafia financiera nacional e internacional !
¡ Buen provecho !
pjmelián
Luis
2012/06/20
Cierto, ahí vamo… Pero mientras tanto nos toca lidiar con Rajoy, a quien, aunque no sea yo un apologeta de la democrcia participativa, tenemos que aguantas porque muchos millones de personas han votado. No sé, a mí que tanta teoría no acierta ni fuera de la diana. Siempre andamos especulando, y luego nos no nos comemos un torrao. Hay que poner el ojo en cómo las clases populare giran hacia la derecha. ¿Qué hacer mientras tanto? Pues, paciencia y una caña.
LauLuna
2012/06/22
Syriza tenía dentro la misma contradicción que toda la izquierda: en un momento en que las instituciones políticas de los Estados nacionales son la única arma que los trabajadores pueden blandir para defenderse del capitalismo global, Syriza sigue sin tomar la vía de la izquierda nacional; sigue siendo cosmopolita.
Pero no hay ningún modelo cosmopolita posible fuera del capitalismo global y el neoliberalismo. Por eso los griegos han terminado por no querer embarcarse en el experimento: Syriza no ofrecía un modelo claro; sólo muchas proclamas.
Y es que nadie se baja de un barco hasta que no ve otro que flote y navegue mejor.