Merkozy se equivoca / José Ignacio Torreblanca

Posted on 2011/12/10

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[Cafe Steiner EL PAÍS] Es sabido que los gatos tienen siete vidas. Lamentablemente los analistas solo tenemos dos: una, antes de que comenzáramos a leer a Martin Wolf en Financial Times y otra, después de que empezáramos a leerle. No es una exageración: sus análisis en FT son siempre ponderados, a la vez que originales. Wolf no busca el efectismo ni el titular fácil y siempre envuelve sus argumentos en una batería de datos (los justos, sin tampoco abrumar). Los argumentos de sus columnas funcionan como el mecanismo de una puerta blindada: cada párrafo cierra una vuelta de llave, anclando las conclusiones de forma irreversible en el cerebro del lector. Pero lo mejor de todo es que esas conclusiones no son las de Wolf, sino las del lector, al que elegantemente se le permite levantar la cabeza del texto al finalizarlo para concluir por sí mismo.

Su columna de esta semana es un buen ejemplo de ello. Con la ayuda de tres sencillas tablas donde se muestran los déficits fiscales (las tablas se reproducen al final de esta entrada), la deuda sobre el PIB y los déficit por cuenta corriente de los estados miembros de la UE, nos explica de una manera sencilla pero comprensible por qué “Merkozy” se equivoca al pensar que la crisis del euro es una crisis provocada por el endeudamiento y que, por consiguiente, sólo la austeridad puede sacarnos de ella.

Si el déficit fuera la causa, nos dice Wolf, lo lógico sería que los países con mayores déficits fiscales entre 1997 y 2007 (es decir, el período antes de la crisis), fueran los que en la actualidad deberían estar sufriendo mayores problemas. Sin embargo, Irlanda, España, Estonia y Bélgica estuvieron siempre por debajo del 3% que ahora se quiere constitucionalizar y sobre el cual se quiere imponer un severo régimen de sanciones. La inutilidad de ese criterio no sólo es evidente en el hecho de que los países que lo cumplieron han sufrido la crisis sino, mejor aún, en el hecho de que Alemania, Austria y Francia también lo incumplieran.

Algo parecido ocurre con el criterio de deuda sobre el PIB que se muestra en la Tabla II. Con él hubiéramos podido predecir los problemas de Grecia, Italia, Bélgica y Portugal, pero sorprendentemente, España fue un gran cumplidor de este criterio, mientras que (¡oh!) Alemania lo incumplió más seriamente que España.

¿Y si, nos pregunta Wolf, nos fijáramos en un criterio que nunca ha estado entre los criterios de convergencia, el déficit por cuenta corriente? Los países que arrojan un resultado más negativo son: Estonia, Portugal, Grecia, España, Irlanda e Italia. ¡Bingo! Resulta que una vez que observamos las trayectoria de este indicador todos los países encajan perfectamente en el patrón de la crisis. Es lo que los anglosajones denominan “una pistola humeante” .

Así que, se pongan como se pongan Merkel y Sarkozy, estamos ante una crisis de balanza de pagos. Para que unos tengan superávit, otros tienen que tener déficit: es ley de vida (económica). Y en este caso, es muy fácil ver que la crisis actual se debe a que, durante una década todos los países de la zona euro se han beneficiado de unos mismos tipos de interés a pesar de tener ciclos económicos y condiciones estructurales completamente distintas, lo que ha llevado a unos a perder competitividad, hacerse dependientes del ahorro externo e incurrir en un gran déficit exterior y endeudamiento privado. Cuando el ahorro externo se ha secado como consecuencia de la crisis financiera, el sector privado ha dejado de prestar, llevando a un enfriamiento de la economía. Y cuando el estado ha intervenido para relanzar la economía, no sólo ha fracasado también, sino que ha generado una crisis de deuda ya que los mercados no confían en que su baja competitividad les permita, en ausencia de crédito y liquidez, pagar sus deudas. Como tanto el sector privado como el público se han secado, imponer nuevas medidas de austeridad, sin a cambio garantizar la inyección de liquidez en el sistema, público o privado, es una receta para el desastre, nos dice Wolf.

¿Qué significa todo esto? Que la austeridad no es el problema, ni tampoco la solución, sino muy probablemente, algo que agravará la crisis. Un diseño defectuoso de la Unión Monetaria nos ha llevado hasta aquí: ahora, en lugar de corregir el error que causó esta crisis vamos a intentar enmascarar los síntomas que nos alertaban de la verdadera enfermedad. Así que vamos a hacer un Tratado para escribir en piedra un gran error. Bravo.


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