En un reciente artículo —«Ante el momento actual: republicanismo, democracia integral y convergencia social»— Andres H. ha publicado una reflexión que no puede pasar sin respuesta; hay cuestiones muy pertinentes en ese texto que merecerían establecer un diálogo, pero hay otras que exigen una toma de posición clara para que se sepa de qué estamos hablando. ¿En qué país se quieren hacer todos esos cambios? ¿En España? Pues en la España realmente existente el régimen del 78 es una realidad y la cuestión republicana tiene componentes que no son solamente «teóricos» y que exigen respuestas y estrategias políticas, institucionales y electorales.
Es, ciertamente, un bien escrito trabajo donde se ofrece una exposición sobre la vigencia del republicanismo como teoría política, la necesidad de lograr el empoderamiento de la ciudadanía, o las reformas que harían posible una «democracia integral», pero sobre todo el artículo desea expresar la necesidad de lograr una amplia base ciudadana para lograr el cambio social y político necesario, tarea que «va más allá de siglas», y precisa superar la tensión izquierda-derecha que se resiste a abandonar una cierta izquierda anclada en el pasado; el sujeto activo de ese cambio hacia una democracia integral en lo social, político y lo económico, sólo puede ser —según Andrés H.— la ciudadanía «empoderada», superando divisiones de partido y siglas; el fenómeno 15M y Podemos han sido o son instrumentos salidos desde abajo para facilitar el avance en ese sentido.
Ciudadanía activa y empoderamiento serían las claves de la transformación, las viejas políticas y la vieja izquierda son frenos a superar o desactivar. [Para valorar todo esto hemos de superar la repugnancia causada por el término «empoderamiento», un engendro postmoderno cuyo sólo uso ya denota con claridad el tipo de mercancía que se extiende ante nosotros.]
En todo el artículo no se realiza ni una sola referencia al origen, funcionamiento y dinámica de las estructuras de poder en España, es decir de la cruda realidad que afrontamos y que condiciona cualquier tipo de respuesta. Si se pretende ofrecer una línea de conducta para cambiar las relaciones de poder en España convendría explicar cual es el análisis del que se parte —el diagnóstico— para poder así ponderar mejor la validez de la propuesta —la prescripción—.
Se ofrece un espacio en el artículo a la teoría republicana, una novedad en según qué análisis pero se pasa inmediatamente a «reconstruir» todo el discurso hacia los términos del nuevo «ciudadanismo» postmoderno, olvidando por el camino que la república no es solamente una construcción teórica, sino que una república es una estructura de poder real, y para los republicanos que lo somos y tenemos voluntad de lucha, es un proyecto de estado enfrentado al régimen de la Transición que padecemos. Tanto Podemos como Izquierda Unida, curiosamente, consideran que la lucha republicana no es una prioridad en estos momentos y en todo el debate público sobre la necesidad de unidad electoral para vencer en las elecciones y derrotar a las políticas neoliberales en el poder, el asunto republicano es totalmente secundario.
En el artículo se parte de una concepción muy peculiar de lo que son los sujetos del cambio, y se establece una especie de correlación simplista entre disponer de herramientas sociales y voluntad de lucha. Una ciase media en precario, asustada por el miedo a desclasarse, golpeada por la crisis, apolitizada, con un franquismo sociológico latente que se manifiesta en prejuicios antipartidos y antipolítica y que está siendo utilizado más que combatido, ¿es un sujeto de cambio fiable o la base social para todo tipo de experimentos poco claros? Es, desde luego, una considerable parte de la realidad social existente, pero ¿actuar políticamente basándose en en renunciar a combatir esa situación de prejuicios y apoliticismos? ¿Buscar mayorías basadas en la mentira y la manipulación como supone instrumentalizar tanto el miedo como la esperanza desde una ambigüedad calculada?
Tanto el 15M como Podemos, como desde luego Izquierda Unida a su propia manera, buscan romper el hilo rojo de la memoria e impedir que los valores republicanos y de izquierda que sobreviven a pesar de todo en el cuerpo social sean los principios rectores que condicionen las estrategias electorales y políticos. Hay verdadera alergia a emplear palabras y conceptos claros; República, Frente Popular, fin de la impunidad, unidad popular.
Cuando al concepto de ciudadanía se le despoja del de república, cuando en la situación española actual se prescinde de incorporar a la ecuación la naturaleza del régimen actual basado en la impunidad del franquismo, si se olvida el veto a cuanto tiene que ver con la República y el laicismo, cuando se olvida la existencia de la lucha de clases y sus efectos, cuando se le perdona la vida a la izquierda y sus valores, cuando se emplean las miserias del carrillismo y las traiciones de la transición para poder neutralizar así a la izquierda del régimen —completamente incapaz a lo que se ve de superar esa torpe herencia—, cuando se hace todo eso y se envuelve en la palabrería postmoderna de las revoluciones naranja, es entonces cuando no se está en condiciones de ofrecer soluciones válidas ni de pretender orientar ningún proceso de cambio.
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TISSOT
2015/01/01
Dedona, he leído el texto de Andrés H, gracias a su comentario, ya que, tanto por su fuente web (la del texto) como por el título, habría pasado de largo. Y quiero decirle que, más que dicho texto (otro más, al fin y al cabo), la insoportable sucesión de necedades de este tipo de «relatos», ha actuado en mí como una pequeña cerilla que el encenderse ilumina un espacio desproporcionado. Empiezo a comprender, me temo, cómo de bajo de la ya tediosa melodía posmoderna del podemismo, en realidad habita un monstruo reaccionario que, para emerger a conciencia, como diría el psicoanálisis, estaba esperando desde hace tiempo el espaldarazo «ciudadano» – ése que dicen que otorga legitimidad- que le permitiera pasar sin rubor de la insidiosidad zapadora a la prepotencia pirotécnica protofascista propias de las frustradas clases medias herederas del franquismo sociológico. Ahí aupados, esta gente del ¿qué hay de lo mío?, arremete ya, casi sin eufemismos, contra la izquierda y la tradición republicana, aunque si quitarse la máscara del todo.
Mire, este gente – con todas las excepciones de justicia que se quieran hacer, seguramente muchas- son, sencillamente, lo que parecen a los ojos críticos de la clase trabajadora pensante: unos reaccionarios de tomo y lomo. Y ¡menos mal que, la inevitable aceleración histórica que los acontecimientos vaticinan, los va a matar de éxito en muy poco tiempo! La segundo transición española será, como en todas las repeticiones, una terrible farsa.
En lo que a mí respecta, ¡ojalá consigan próximamente la mayoría absoluta, para que, en un semestre, se les vea el plumero…aunque es improbable que el capitalismo (¿por cierto, qué opinan del capitalismo esta gente?) renuncie a desembarazarse tan pronto de una acrítica masa de maniobra tan reutilizable como esa, lo mismo para un roto que para un descosido.
dedona
2015/01/01
la realidad es que más allá de la pose culta del autor, el hecho indudable es que Podemos pretende basarse en los prejuicios, el apoliticismo y el temor al compromiso —por no hablar del anticomunismo latente— de una clase media precaria, nacida del franquismo y adocenada por el consumismo postindustrial de los 80 y 90. Nada bueno.
Mazo Molotov Macabeo (@GMazoG)
2015/01/07
Aquí había un caldo de cultivo que llevaba -incluso de antes de la crisis- fomentando el gran capital y con el entusiasta apoyo del reformismo político (IU, ATTAC…), en base a ese revoltijo ideológico que tienen las clases medias (la pequeña burguesía, un grupo muy heterogéneo) y que es tan característico de ellas (movimientos entre los que incluye, no lo olvidemos, el fascismo): antipoliticismo, interclasismo trufado con elitismo de los «preparados» y desprecio al obrero, antisindicalismo, «ni izquierdas ni derechas», etc. Incluso vemos asomar el chovinismo españolista cada vez con más descaro. Con el 15M ya lo pusieron en escena, fue todo un éxito. Pero hete ahí que los reformistas no eran capaces de aprovechar ese caldo para convertirlo en un movimiento de masas organizado de alguna manera, y para recogerlo electoralmente de forma que el bipartidismo que sostuvo el régimen del 78 fuera renovado mediante el tripartidismo. Como no funcionaba la típica táctica reformista de usar la movilización social como trampolín, fracasaban en sus intentos, y ante la urgencia de remozar el régimen, era preciso usar otra táctica. Y así, mientras como parte del remozamiento el rey abdicaba etc, por el otro se construía desde arriba, y sin nada por la base, un movimiento, a la manera típicamente capitalista, como quien monta una empresa: poniendo el dinero, contratando a un equipo de profesionales del tema, y con experiencia en el mismo. No es por casualidad que Podemos boicoteara las protestas contra la coronación de Felipe VI «el Empoderado», ni que las grandes aunque poco brillantes cabezas de Podemos (Pablo Iblesias, Monedero…) sean los mismos que, antes, trataron de formar y promocionar el Frente Cívico anguiteño, que es prácticamente idéntico a Podemos, pero siguiendo el modelo de construccion reformista, y sobre todo fracasado. Misma ideología, mismos mensajes, la figura carismática y el modelo de partido de líder, etc. IU se hizo ilusione,s creyó llegado su gran momento histórico, pero fue todo ese apoyo que dio al auge ciudadanista y a la vez su incapacidad -que no falta de deseo- para cumplir su tarea para con el régimen, lo que la condenó. Y la tumba es la que ellos con tanto fervor han cavado: las críticas a Podemos desde IU son más de rabia por haberles dejado a un lado.
IU es reformismo y Podemos es populismo, el típico populismo de toda la vida. Que algunos se equivocan al tildarlo de reformismo, pero es característico del populismo el lanzar unas propuestas reformistas. IU se basa en utilizar los movimientos sociales y las luchas populares como trampolín de su política electoral e institucional, mientras que Podemos carece de toda conexión con los movimientos sociales y las luchas populares. Aunque ya se van buscando su caso de la colza a costa de los enfermos de hepatitis C, etc., pero eso no pasará del salir en la prensa y hacer promesas electorales. Podemos es un partido fabricado desde arriba y carece de cuadros, conexiones sociales por la base, etc. Y ambos tienen la misma base social: la pequeña burguesía, predominantemente la pequeña burguesía asalariada. Políticamente, el rol que cumplen es, en realidad, el mismo: arrastrar a la masa de trabajadores y clases populares a la zaga de la pequeña burguesía, disolviendo en particular a la clase obrera en la masa pequeñoburguesa e impidiendo que se organice como tal clase.
Con tantas coincidencias, estaba claro que, o era una o era la otra, y así se entienden los lloriqueos del sector mayoritario de IU por que les dejen un sitito… Pero siendo eso en general, había una misión particular de las actuales circustancias que cumplir: La primera transición tuvo lugar porque el capitalismo necesitaba de serias transformaciones, ya en los años 60, a nivel mundial, pero en especial en España. Esas transformaciones que aún estaban perfilándose en muchos sentidos, y que acabarían llamándose -en mi opinión de manera poco exacta- el paso del estado del bienestar al neoliberalismo, necesitaban el apoyo social de los trabajadores, era imposible hacerlo con el régimen político teniendo enfrente radicalmente a la clase obrera, y otros grupos sociales, había que hacer que sus esperanzas, sus reivindicaciones, etc, se encauzaran dentro del régimen y en su apoyo. Era una necesidad la TRansición para el capital. Y ahora ocurre algo similar: en medio de una crisis, que digan lo que digan va a más y va a ir a más, incluso no siendo ya nulo el peligro de guerra generalizado aunque aún sea remoto, hay que asegurarse de que las esperanzas de las masas populares siguen encauzadas dentro del régimen, que las clases populares no ponen sus esperanzas en la lucha contra el régimen; la iniciativa política no debe pasar a la calle, debe mantenerse en los cauces del régimen. Y, por supuesto, una vez lograda la disolución de la clase obrera como sujeto político, durante un proceso largo que culminó con la caída de la URSS, hay que evitar a toda costa que se vuelva a organizar como clase independiente, ha de ir a la zaga de la pequeña burguesía, sus individuos disueltos en la masa pequeñoburguesa como meros «ciudadanos». Y es lo que vemos, y el capital se ponía nervioso porque el reformismo no daba la talla y resolvió, con un golpe maestro, inteligente, inesperado, la papeleta, aunque tiene pinta de que no va a durar mucho, porque no están logrando convencer a grandes masas, y en cuatro días se les va a ver el plumero, como de hecho ya se les esta viendo.
EN fin… que me he desviado de a lo que iba… Quería decir simplemente que, quien nos hable de que hay que prscindir de las divisiones de partido, etc., quien quera prescindir del hecho de que esas divisiones tienen causas objetivas, es que nos quiere meter gato por liebre.