La catástrofe anunciada se ha consumado. Los votantes han dado el poder a una derecha cerril, que llega con las bendiciones de los obispos. Puede parecer irracional que un país con cinco millones de parados elija al partido que representa los intereses de quienes les han dejado en el paro y están ante todo empeñados en que seamos los estafados por la crisis quienes paguemos el rescate con nuevos recortes en nuestros derechos sociales –a costa de mantener una situación que niega toda esperanza de trabajo a la generación de los que hoy tienen de 20 a 30 años–. El voto que ha dado el triunfo al PP es el fruto del miedo de los pobres a perder lo poco que les queda –el “que me quede como estoy”–, que acaba conduciendo a las ovejas a pedir protección al lobo.
Se ha elegido a los nuevos gobernantes a sabiendas de que son incapaces de resolver los problemas a los que nos enfrentamos. Podría pensarse que, como van a tener poco más que hacer que cumplimentar las directrices de Berlín, tanto da quién se encargue de ejecutarlas. Pero el triunfo del PP esconde además otros oscuros intereses, que afectan muy seriamente a nuestras libertades.
Lo peor de la situación actual es la falta de perspectivas de futuro. Aguantamos cerca de cuarenta años de franquismo con la esperanza de que su final fuera el comienzo de una época próspera y libre. Pero mal estamos hoy si la única alternativa viable es el regreso al poder del PSOE, que ha presidido el inicio de la catástrofe y ha dejado claro que no tiene soluciones para el problema fundamental, que no es el de la deuda, que afecta sobre todo a los bancos, sino el de esos cinco millones de parados que podrían reflotar el crecimiento económico con su trabajo.
La salida del socavón no reside tampoco en esperar que los partidos a la izquierda del PSOE logren una victoria electoral, porque, dejando al margen que están demasiado divididos para asociarse, carecen de los recursos necesarios para hacerse escuchar y disipar los miedos con los que la derecha, que controla la gran mayoría de los medios de información, se ocupa de combatirlos.
¿Deberíamos depositar las esperanzas en los movimientos de protesta que los jóvenes han iniciado en el mundo entero, de Nueva York a El Cairo, pasando por Madrid y Barcelona? Jeffrey Sachs, un economista de la Universidad de Columbia, ve en los integrantes de Occupy Wall Street de Estados Unidos el inicio de un “nuevo movimiento progresista” que se presenta con un programa muy simple: “Cobrar impuestos a los ricos, acabar las guerras y restaurar un gobierno honrado y eficaz”. Y augura que conseguirán triunfar en las elecciones usando los nuevos medios sociales –YouTube, Twitter, Facebook y los blogs– en lugar de los tradicionales. Lo cual le lleva a proclamar que “acaba de nacer una nueva generación de líderes” y que “la nueva era progresista ha comenzado”.
Dejando a un lado la desconfianza que inspira el propio Sachs, que fue uno de los asesores de la liberalización que envió la Rusia de Yeltsin a la ruina, la actuación de la policía en Estados Unidos, por un lado, y el desengaño, por otro, de los jóvenes egipcios que consiguieron echar a Mubarak para poner al ejército en su lugar, invitan a sospechar acerca de las intenciones de estas propuestas de integración y apaciguamiento. Porque, en primer lugar, eso de “cobrar impuestos a los ricos” no es tan fácil: no se dejan. Y no es realista pensar que aceptarían un juego electoral que condujese a que llegasen al poder quienes se propusieran ponerlo en práctica. Para que se pueda alcanzar este objetivo se necesita cambiar previamente muchas cosas: liquidar lo que el profesor Juan Cole llama “el juego de trileros neoliberal”.
Uno de los mayores problemas del movimiento de los jóvenes indignados es que los medios al servicio del sistema van a tratar de mantenerlos aislados del resto de la población, ofreciendo de ellos una imagen de jóvenes irresponsables, asociados a pequeños delincuentes. Esto va a hacer muy difícil que puedan dar a conocer sus razones, más allá de algunas elementales consignas antisistema. Lo más importante sería, precisamente, que consiguieran comunicárselas al sector mayoritario de la población que el pasado 20 de noviembre votó al PP, con el fin de hacerles entender lo que tienen en común sus respectivos intereses: los del 99% de las víctimas de la crisis.
Los que no estamos en las plazas pero compartimos su indignación y su angustia, podemos ayudarles a que se hagan públicas sus razones colaborando en la lucha por los objetivos fundamentales de su programa: la resistencia a que prosigan los recortes de los servicios sociales básicos, la búsqueda de una solución al escándalo de los de-sahucios, la exigencia de un rigor fiscal que permita aflorar los ingresos ocultos o insuficientemente gravados para usarlos en una política cuyo primer objetivo debe ser acabar con la vergüenza de un paro que nos sitúa muy por debajo de la media europea… Pero también debemos empeñarnos por nuestra parte en la lucha por preservar nuestras libertades del ataque combinado que preparan la Iglesia y la derecha.
Tenemos un enemigo común, que no sería tan fuerte si no se alimentara de nuestros errores y de nuestros miedos. Sólo luchando unidos contra él con las armas de la razón conseguiremos frenarlo.
http://blogs.publico.es/dominiopublico/4298/%c2%bfy-ahora-que/
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Manuel Gamella
2011/12/13
Leo una vez más, ahora a Josep Fontana en Público (28 de noviembre), la idea de que la salida de la hegemonía conservadora está electoralmente bloqueada porque los partidos a la izquierda del PSOE “están demasiado divididos para asociarse”.
Veamos cuál es la realidad a partir de los resultados de las últimas elecciones generales.
Redondeando a unidades los porcentajes sobre los votos, tenemos:
Izquierda
PSOE 29
IU 7
Izquierdas periféricas 4
Equo 1
TOTAL 41
Derecha
PP 45
Derechas periféricas 6
TOTAL 51
Otros
UPyD (centro españolista) 5
Diversos 1
Blancos 1
Nulos 1
TOTAL 8
Es discutible que las izquierdas periféricas (Amaiur, ERC y BNG) puedan considerarse íntegramente izquierdas, ya que entre su electorado hay que contar una parte de ciudadanos que les votan por su componente independentista o identitario, antes que propiamente de izquierda. Lo mismo cabe decir de Equo respecto a su componente ecologista. Así pues, más allá del PSOE ¿qué posibilidades reales pueden plantearse para lograr una mayor unidad?
El PSOE no puede abandonar el espacio electoral del centro-izquierda, so pena de entregarlo a un centro-derecha cubierto por parte del PP (y ahora también de UPyD). A su izquierda IU, a pesar de una ley electoral diseñada para defender a escala estatal un sistema bipartidista, sigue manteniendo una base electoral importante y persistente, y una estructura estable con decenas de miles de militantes y miles de cargos públicos distribuidos por toda España. Nada de esto se improvisa ni puede reemplazarse previsiblemente durante esta generación. Seguramente su proyecto, su estructura y su proyección social, son mejorables, pero ¿no será un mayor apoyo y participación ciudadana en esta organización, incluyendo la integración de lo que pueden tener de progreso las ideas federalistas y ecologistas (como ya se ha avanzado en acuerdos con la Chunta en Aragón y con grupos verdes), la oportunidad viable de construir aquí una izquierda consistente?
El movimiento 15M expresa las aspiraciones de una parte significativa de la población (sobre todo entre los más jóvenes) por una política más justa y solidaria. Miles de ciudadanos están teniendo la oportunidad aprender así, en la práctica, la fuerza, y las dificultades, del debate y de la participación abierta. Pero su expresión democrática en las elecciones locales y autonómicas de mayo, y en las generales de noviembre, es simplemente lo que estamos viendo, sin que tampoco la abstención muestre cambios relevantes. ¿Hay alguna propuesta mejor que el reforzamiento de la izquierda organizada real?
dedona
2011/12/13
Lo primero es agradecerle su aportación. En mi análisis —y fui canddato en estas elecciones—, la presencia en el parlamento es reflejo de las tendencias políticas publicitadas dentro del sistema. Hay tendencias que no son publicitadas pero que forman parte de corrientes sociales existentes y de las que los partidos con representación son una parte. Quiero decir con esto que una corriente ciudadana con una fuerte transversalidad es la contraria a los recortes y partidaria de la solidaridad y de un papel mayor del estado en ello para garantizar derecHos, pensiones, salud, educación, etc. ¿Esa corriente se plasmó en un referente electoral? No, Hablaron del tema varios partidos, pero ninguno de los que salieron Había propuesto un FRENTE ANTIRRECORTES, por ejemplo. ¿Se Hubiera recibido bien un nuevo Frente Popular en estas elecciones? Sabemos donde no era bien recibido, ni en el PSOE, obviamente, ni en IU. Estas fuerzas recibieron apoyo económico y mediático para actuar como actuaron. IU expresamente renunció a formar un Frente Popular Republicano con todo el espacio a su izquierda y alcanzando a los propios socialistas disidentes. Ni de lejos quiso algo así.
No debe olvidarse que la gente, la masa, puede votar, a lo que sale en los medios. Si no sale es como si no existiera. ¿Y quien sale? Los que tienen representación y los que son adoptados por algún medio. IU recibió casi dos millones de euros, AEQUO y Anticapitalistas salieron ampliamente en el diario PÚBLICO.
El 15M son dos cosas al menos: la indignación de la gente y dos, los límites autoimpuestos por quienes lo diseñaron. El 15M se basa en la idea de que todos los políticos son iguales, no existe la izquierda y la derecHa, no existe la lucHa de clases, nada de lo viejo vale y las banderas y la identidad de la izquierda ya no valen. Responde el q5M, llenan su globo, el recHazo a la crisis, la explotación, el robo manifiesto, el agotamiento del sistema. Pero construir algo útil cuando te cargas el Hilo rojo de la memoria, la identidad de la izquierda y acabas diciendo que «todos son iguales», pues lo que consigues es desligar a los «jóvenes» del 15M de las LucHas organizadas que ya existen y que son silenciadas por el sistema. El 15M se convierte así en algo plenamente funcional al sistema, pues separa la base Humana de la resistencia existente.
Las cosas no son tan fáciles. El poder en un sistema de democracia mediática tiene sus sutilezas. Lo que no sale no existe. Y parte de lo que existe se «acomoda» o se Ha creado para que se «acomode».
La izquierda está pasando por una seria crisis. La izquierda social, la gente que resiste, digo, pues su representación institucional y mediática no está a la altura del reto. Estamos como siempre en la izquierda, en tiempo de refundación.
Manuel Gamella
2011/12/13
Dedona, no sé cuál es su propuesta. La mía es clara: el apoyo y la participación en una organización de izquierda real que ya existe más allá del centro-izquierda social representado por el PSOE. Me refiero a IU, con todas las mejoras que sólo pueden lograrse si crece y enriquece su base intelectual y social.
A la vista de la expresión electoral actual, no veo otra posibilidad viable. Es verdad lo que dice respecto a que la gente (¿la masa?) no puede votar lo que no conoce a través de los medios, y que estos son los que son y responden a lo que responden. Pero cualquier alternativa viable (o radical, y no será radical si no es viable) tiene que partir de lo que hay, y luchar por romper círculos viciosos por difícil que esto sea.
Respecto al 15M no me hago ilusiones. Es lo que es y tiene las limitaciones que se evidencian. Pero tampoco creo que pueda despacharse con consideraciones conspiratorias. Por su propia naturaleza ahí hay de todo. Para mí es bastante que sirva para que unos miles de ciudadanos (principalmente jóvenes) encuentren una vía para movilizarse y, al menos, aprender algo. Lo que aprendan será inevitablemente muy disperso, sólo espero que algunos aprendan cosas útiles, como por ejemplo, la necesidad de participar en la política organizada.
pedro
2011/12/13
Hola
Sr. Gamella, la respuesta es construir un frente popular de amplia base capaz de unir a todos los que deseen resistir y capaz de avanzar Hacia la república… IU no desea ese modelo, al menos su actual dirección. Su opinión es una cosa, la de la dirección realmente existente de IU y PCE me temo que es otra. IU no es alternativa de nada. El resultado electoral logrado no servirá para combatir mejor lo que nos viene, sino sobre todo para consolidar a su burocracia —y estoy siendo muy fino—.
Manuel Gamella
2011/12/13
Pedro, estoy a favor de una república, como lo está toda IU, pero ese buen objetivo no basta para construir un proyecto político de izquierda y consistente. Despreciar a la única organización con implantación real actual más allá del PSOE (que tampoco va a desaparecer, ni falta que hace), requiere, si no nos conformamos con un idealismo purista, disponer de otra alternativa. He empezado por exponer lo que la gente realmente vota, ¿con qué ciudadanos reales se puede montar cualquier otra alternativa? ¿qué medios y qué plazos tenemos para montarla, suponiendo que sepamos cuál es?
Conozco muchos defectos de IU (de su dirección y de su militancia), pero prefiero el esfuerzo por corregirlos a la comodidad de criticar sin compromiso. Por cierto, a IU le vendría muy bien consolidar una buena burocracia. La que tiene es bastante pobre.
pedro
2011/12/13
Este debate lo debes tener con tu dirección, no conmigo. A predicar república y COHERENCIA a tu grupo parlamentario. A nosotros no, ¿vale?
Manuel Gamella
2011/12/13
Con los debidos respetos, lo que me respondes me parece, digamos, una descortesía gratuita. Nada de lo que yo he dicho es una predicación, sino una argumentación, a la que no me parece que respondas. Te aseguro que no desprecio lo que dices, simplemente defiendo lo que digo, y te lo digo a ti, en este foro supongo que abierto (por cierto ¿quienes sois «vosotros»), y también a mi dirección y hasta a mi grupo parlamentario (efectivamente estoy afiliado a IU, como es fácil suponer).