I
Me piden un argumentario ciudadano a favor de la huelga general. Se me hace extraño la separación entre lo laboral y lo ciudadano. En una sociedad capitalista la inmensa mayoría de la población depende directa o indirectamente de la condición salarial. De hecho, el propio concepto de ciudadanía universal ha sido el producto fundamental de las movilizaciones de las masas de población sin derechos a lo largo de 200 años de luchas sociales. Si hoy eso nos cuesta más de ver es, en gran parte, resultado de un proceso de segmentación, estratificación y diferenciación de la población trabajadora que hace que nos cueste reconocer lo que realmente somos.
II
El motivo manifiesto de la huelga es la reforma laboral. La continuación de una larga contrarreforma que dura más de 30 años. Abaratar y facilitar el despido, permitir que las empresas se “descuelguen” de los convenios colectivos y ceder la gestión de la intermediación laboral a las ETT es algo que puede afectar a la vida de mucha gente. Romper este modelo dejará las condiciones de trabajo de mucha gente al albur de su empresario. El contenido de las medidas acabará afectando más a la gente socialmente más débil, con menos relaciones sociales, que a los empleados de empresas con un mínimo de organización. Sólo por eso la huelga está justificada.

- Foto: Olmo Gonzalez.
III
La reforma es también un intento de liquidar a los sindicatos. En este país el sindicalismo no tiene buena imagen. Yo también le he hecho críticas. Pero creo que a menudo no somos conscientes de los efectos que tendría su desintegración. Sólo hace falta hacer una revisión de las luchas de los últimos 30 años para ver dónde han estado en los momentos cruciales. Y sólo hay que comparar nuestra situación con la de países como EE UU donde el antisindicalismo está bien consolidado. Dar soporte a los sindicatos no significa estar totalmente de acuerdo con éstos, pero resulta evidente que el ataque actual está orientado a profundizar con las políticas de bloqueo a la acción colectiva.
IV
La huelga es también una respuesta a todo el resto de cosas que han pasado. Una crisis económica brutal, resultado de todo el desbarajuste de la gestión económica neoliberal. Un sistema financiero que ha parasitado la economía mundial, que la ha llevado al desastre, que se ha embolsado cantidades ingentes de recursos públicos y que ahora, una vez salvado, exige profundizar en su modelo a base de recortes de pensiones y gastos públicos. No podemos dejar que la economía del país, de ningún país, esté dirigida por los ‘Botines’ locales o internacionales. Es hora de expresar con contundencia que estamos hartos de un modelo que sólo garantiza malestar económico y social permanente, que es incapaz de dar respuestas a las necesidades sociales básicas.
V
Sabemos, además, que las medidas que proponen no resolverán los problemas creados. Que despedir fácilmente no genera puestos de trabajo. Que recortar gasto social provoca más paro y malestar. Hacer huelga es mostrar que no queremos que se nos trate como ignorantes, que exigimos soluciones racionales, no respuestas de lo que ya hace años se tildó como “economía vudú”.
VI
Nos dicen que la huelga no servirá para parar estas políticas. Es una clásica retórica reaccionaria, hacer creer que las acciones de los movimientos sociales son inútiles o contraproducentes. Y puede ser verdad que, aunque sea un éxito, la huelga no pare nada. Estamos delante de una fortaleza demasiado poderosa para esperar que caiga en un solo día. Pero si la respuesta es fuerte quedará claro que mucha gente se opone a un estado de las cosas irracional e injusto. No podrán decir que la oposición es cosa de cuatro locos. Es hora que empecemos a reivindicar una organización social racional, igualitaria y sostenible. Y la huelga, en el período de preparación, en la propia movilización y más allá tienen que ser también una oportunidad para abrir el diálogo con la gente cercana, aportar la reflexión y el debate imprescindibles para generar un nuevo ciclo de organización y movilización social.
VII
No hay medidas mágicas, ni movilizaciones con efectos milagrosos. Hacen falta muchas fuerzas, trabajos y energías para transformar una estructura socioeconómica tan consolidada como la que ha generado la situación actual. La lucha de un día nunca ha resultado decisiva. Pero las derrotas sociales son el resultado de muchas renuncias continuadas. Por eso es necesario participar, con entusiasmo (y distanciamiento crítico) en todas las oportunidades que se presenten de acción colectiva, de ejercicio responsable de derechos que han costado mucho sufrimiento social conseguirlos. Si no quieres que el recorte de derechos sociales continúe apunta el 29-S en tu agenda, para hacer huelga, ir de piquete, manifestarte, hablarlo con las personas de tu entorno.
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Posted on 2010/09/29
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