Londres y Berlín estuvieron preparando el segundo «Múnich» / Yury Nikíforov

Posted on 2010/02/19

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En la corriente de la búsqueda de los culpables reales de la Segunda guerra mundial los investigadores objetivos han llamado y continúan llamando la atención invariablemente a los círculos financieros y políticos anglo-sajones. Son precisamente acciones suyas, las que definieron la política de “la pacificación” de Hitler, que fracasó completamente y sólo provocó la Alemania fascista a la realización de sus planes expansionistas.

En primavera de 1939 Hitler, al ocupar Checoslovaquia, demostró, que no necesitaba más el consentimiento de N. Chamberlain y E. Daladier para la realización de sus acciones agresivas. En los países de Europa crecía el miedo por la agresión nazi, se fortalecía la desconfianza hacia la política de los ingleses y franceses, quienes no lograron alcanzar la seguridad europea. Como resultado, Inglaterra y Francia se quedaron ante la perspectiva de perder su influencia en el continente.

La atención de los historiadores, que describen los acontecimientos del año 1939, está concentrada como regla general en los contactos diplomáticos anglo-franco-soviéticos o soviético-germanos. Sin embargo, la creación del cuadro objetivo es imposible sin tener en cuenta un componente más de la política europea: las relaciones anglo-germanas, que no cesaron en absoluto después de la anexión de Checoslovaquia por Hitler. Más aún: existen todas las premisas para suponer, que la idea principal de la política de “la pacificación” – el logro del acuerdo con Alemania a base de la repartición de las esferas de influencia en el mundo en primavera de 1939 seguía teniendo una gran cantidad de partidarios dentro de los representantes del sistema político británico.

La posición del gobierno de Gran Bretaña en aquel período se caracterizaba por lo siguiente. Por un lado, el ultimátum sobre la entrega de Danzig, que Hitler presentó al gobierno de Polonia el 21 de marzo, provocó una gran preocupación en Londres. En la reunión del parlamento el primer ministro Chamberlain declaró, que el hecho de que Alemania se hace la poseedora de los recursos de Polonia va a tener consecuencias lamentables para los intereses británicos. Por otro lado, la lucha armada contra los países del “eje” se veía en Londres como una prueba tan pesada, que era necesario tratar de evitarla. Es por eso que el gobierno de Chamberlain pensaba continuar la política de concesiones al tercer Reich, ejerciendo al mismo tiempo ciertas presiones por la vía de la demostración de la fuerza. En particular, se reconocía la posibilidad de entregar Danzig al Reich junto con el corredor polaco. Sin embargo la ocupación por Hitler de toda Polonia se evaluaba ya como un cambio inadmisible en la correlación de las fuerzas, y por eso el 31 de marzo el gobierno británico concedió a Polonia garantías de la independencia.

Hay que señalar, que las garantías de la independencia, concedidas a Polonia y después a algunos otros estados europeos, no suponían la conservación de su integridad territorial. De esta manera se quedaba abierta la interrogante sobre la posibilidad de un cambio de las fronteras entre los estados. Tampoco hay motivos para ver las garantías como una prueba de la preparación de Gran Bretaña para una guerra contra Alemania – era más bien sólo una demostración de la firmeza, dictada por el ansia de disuadir a Hitler de la agresión posterior. Es característico, que los gobiernos de Inglaterra y Francia no discutieron la interrogante, si podrían cumplir sus obligaciones de garantía. Las últimas se evaluaban como un cierto seguro para retener Alemania y hacer innecesaria la intromisión en el conflicto armado.

Sin embargo aquellas esperanzas resultaron vanas: la concesión de las garantías a Polonia no causó la impresión debida a Berlín. El 1 de mayo I. Ribbentrop expresó su seguridad de que “en el caso de un choque armado los ingleses abandonarían tranquilamente Polonia a una arbitrariedad del destino”. Las preparaciones intensas de los nazis para la guerra continuaban.

Muchos observadores imparciales también tenían la misma opinión: por ejemplo, el embajador de Suecia en Gran Bretaña, B. Pryts, hizo la conclusión a finales de mayo de que “en el caso de complicaciones en las relaciones entre Alemania y Polonia, Inglaterra y Francia se abstendrán de una intromisión”.

Este convencimiento no fue infundado. La dirección de Gran Bretaña se encontraba presa de valoraciones inadecuadas, prefiriendo mantener la puerta abierta para Hitler, a pesar de los intensos contactos con la Unión Soviética. Ya el 3 de mayo Chamberlain se declaró en una reunión del gobierno por la reanudación de las negociaciones económicas anglo-germanas. Se conservó uno de los documentos de trabajo del Foreign Office, el “Memorándum para el lord Halifax”, fechado del 5 de mayo. La tarea de la diplomacia británica fue formulada allí de la siguiente manera: “De ninguna manera en detrimento de la decisión de resistir a cualquier atentado de Alemania contra la independencia de otros países… En cualquier caso Gran Bretaña debe aplicar esfuerzos sinceros y serios para la satisfacción de cualquier pretensión fundada de Alemania y evitar diligentemente su cerco económico o el estrangulamiento”.

En plena conformidad con esta tarea estratégica, en el transcurso de las consultas anglo-francesas en París, el ministro de relaciones exteriores E. Halifax, intervino por “la normalización” del problema de Danzig, que admitía el establecimiento sobre ella del control alemán. Varios días más tarde, Chamberlain informó a su gabinete sobre la disposición de Inglaterra de “discutir todos los problemas irresueltos sobre la base de un entendimiento amplio y completo entre Inglaterra y Alemania”. Al principio de julio Halifax informó, que se estaba preparando una declaración gubernamental en el parlamento, cuya idea era dejar abierta la posibilidad de “una revisión determinada de los acuerdos existentes respecto a Danzig”.

De esta manera la integridad territorial de Polonia perfectamente pudo haber sido sacrificada en aras de los mismos ideales “de la pacificación”, que llevaron en otoño de 1938 a Chamberlain y Daladier a Munich. En el memorándum ya citado del 5 de mayo se decía: “Nuestro país (Gran Bretaña, Y.N.) tiene que asegurar, que Polonia no nos arrastre en la guerra por sus exigencias infundadamente altas”. En los campos del documento se conservó la llamativa nota del lord Halifax: “¡Claro, que no!”

En lo que se refiere a las perspectivas de la creación de la coalición anglo-franco-soviética, Chamberlain y su entorno expresaban en reiteradas ocasiones sus dudas sobre lo oportuno del acercamiento con la URSS. Muy notoria es siguiente declaración del premier británico: “Personalmente estoy tan escéptico respecto a la validez de la ayuda rusa, que no considero en absoluto, que nuestra situación se empeoraría mucho, sin tendríamos que hacer lo nuestro sin ellos”. En verano de 1939, al aceptar la participación en las negociaciones trilaterales de las misiones militares en Moscú, el gobierno de Gran Bretaña no tenía en absoluto el deseo de concluirlas con la firma de un documento, que impondría algunas obligaciones a Londres. Con este respecto Halifax declaró en la reunión del consejo militar británico: al fin de cuentas, las negociaciones militares con la Unión Soviética no son tan importantes, simplemente van a obstaculizarle “pasar al campo hermano”.

El convencimiento de los líderes británicos en la justeza de la estrategia elegida se completaba por su hostilidad personal a Rusia y sus representantes, que saltaba a la evidencia en las conversaciones privadas y en el correo. “Basureros no lavados” – así llamaba a los diplomáticos soviéticos el viceministro de exteriores A. Cadogan. D.M. Molotov se caracterizaba como “un hombre ignorante y sospechoso, campesino”, cuya posición intransigente en las negociaciones hizo a Halifax declarar, que el comisario popular soviético “se hizo completamente loco”.

El proyecto político más serio del acercamiento anglo-germano, que en perspectiva significaba la posibilidad de lograr un acuerdo más, “el segundo Muhich”, está relacionado con los nombres de los partidarios más cercanos a Chamberlain H. Wilson y R. Hudson. En junio y julio de 1939 Wilson se reunía varias veces en Londres con uno de los altos funcionarios alemanes, el responsable por el cumplimiento del plan económico de cuatro años, G. Voltat. El funcionario británico repitió aquello, lo que ya había sido pronunciado por Halifax: en la voluntad de Hitler estaba no recurrir más a la guerra, y en aquel caso la colaboración anglo-germana era completamente posible.

En julio ya fue Hudson, quien propuso un plan de la colaboración económica germano-británica y del desarrollo colonial, incluyendo un importante préstamo a Alemania a cambio de la política exterior pacífica. La información respectiva se filtró a la prensa, y Chamberlain se vio obligado a dar explicaciones en el parlamento, donde reconoció, que no sólo Hudson, sino también y Wilson se reunieron más de una vez con Voltat, sin embargo, lo hicieron por su propia iniciativa. El escándalo, levantado por el grupo “anti-Múnich” de la opinión pública británica (la oposición parlamentaria en primer lugar) respecto a la preparación de un nuevo acuerdo, le impidió al gobierno de Chamberlain la realización de los pasos, dirigidos a lograr un nuevo compromiso con Berlín.

En Moscú recibieron con desconfianza las justificaciones de Chamberlain. Aun suponiendo, que en aquel caso el premier británico no mintió, estaba claro: si estuviera preocupado en serio por el resultado de las negociaciones anglo-franco-soviéticas, que se estaban realizando en aquel período, Hudson hubiera sido destituido, lo que no se hizo.

Sin embargo la verdadera posición de Chamberlain fue reflejada en su correo particular, donde el premier confirmó, que “las ideas económicas”, que Hudson le expuso a Voltat, se estaban discutiendo en el gobierno durante ya 12 meses. Según la opinión de Chamberlain, al recibir aquellas proposiciones, Hitler tendría que entender, que “nosotros (Gran Bretaña, Y.N.) tenemos serias intenciones”, lo que tendría que retenerlo de una guerra grande.

El historiador M. Karley señala, que la irritación de Chamberlain por aquel incidente fue provocada en primer lugar por el hecho de que la información sobre las proposiciones del gobierno británico se haya filtrado a la prensa antes del tiempo. En una de las cartas a su hermana el primer ministro escribía, irritado por la iniciativa de Hudson: “Actualmente están organizados otros canales, más seguros, a través de los cuales se puede mantener los contactos, ya que es muy importante, que aquellos en Alemania, quienes quisiera llegar al entendimiento mutuo con nosotros, no pierdan la presencia de ánimo… Claro está, mis críticos piensan, que sería horroroso llegar a un acuerdo con los alemanes sin una prueba escrupulosa de sus verdaderas intensiones… Pero no comparto esta opinión. Mejor vamos a convencerlos, que los chances de ganar la guerra sin consecuencias catastróficas para la economía son demasiado pequeños, para confiar en ellos. Pero la conclusión de todo eso debe ser tal, que Alemania tiene un chance de ganar nuestra buena y justa actitud y la posibilidad de que serían tomados en cuenta todos sus intereses sensatos, si rechaza la idea de lograr todo eso de nosotros por la fuerza y logra convencernos de eso…”

¿Qué fue lo que precisamente tenía en cuanta Chamberlain, hablando de “los nuevos canales”, a través de los cuales se llevaba al conocimiento de la dirigencia del Tercer Reich la información sobre el deseo de Gran Bretaña de “ponerse de acuerdo”? Posiblemente, se trata de los esfuerzos de intermediario del secretario de la sociedad Anglo-germana, el industrial E. Tennant, quien varias veces se reunió con Ribbentrop en julio de 1939 con el consentimiento del primer ministro, así como el dueño del consorcio periodístico “Ellaid Newspapers” lord Kemsly. El último visitó Alemania a finales de julio, y el día 27 fue recibido por Hitler. Se conservó el informe de Kemsly, presentado al premier británico después de su regreso a Londres. De acuerdo a este informe, Kemsly dio de entender directamente al fuhrer nazi, que el gobierno de Bretaña ve el acuerdo de Múnich como un ejemplo de la colaboración anglo-germana, e insinuó a la deseabilidad de un encuentro personal entre Chamberlain y Hitler. En respuesta Hitler se pronunció sobre la deseabilidad de intercambiar las proposiciones por escrito. Sin embargo, cuando a principio de agosto Chamberlain y Halifax preguntaron Berlín sobre la esencia de las proposiciones alemanas, Hitler desmintió lo que él mismo había dicho al lord Kemsly, negando la presencia “del sujeto para la preparación de las negociaciones”. Al fin, hay que mencionar las negociaciones de los representantes del gobierno británico con H. Goering, en las que intervino en calidad del intermediario el industrial sueco B. Dalerus, el propietario de la empresa “Bolinders fabrik A/B”. A través de aquel canal las partes también se hicieron mucho para aclarar las posiciones recíprocas.

Al recibir nuevos testimonios del deseo de Chamberlain y Halifax de encontrar una nueva variante para el compromiso anglo-germano, Hitler valoró las dimensiones de las posibles concesiones británicas y apostó por la guerra: la revisión de las fronteras polacas, el problema colonial y las negociaciones económicas ya no le convenían. Posteriormente Ribbentrop expuso así la posición de su fuhrer: una unión con Inglaterra traería lo mismo que la guerra, pero si Inglaterra quiere luchar, mejor hacerlo ahora, sin postergaciones.

El resultado objetivo y, en esencia, el único de la orientación del gobierno británico a lograr “el entendimiento mutuo” con Alemania en verano de 1939, se hizo la imposibilidad de llegar a un acuerdo con la Unión Soviética y el fracaso de las negociaciones anglo-franco-soviéticas sobre la firma de una convención militar, a las cuales tanto aspiraban en Moscú. Al darse cuenta de la falta de deseo de Inglaterra de ver en la URSS un socio de iguales derechos en los marcos de una posible coalición en contra de los agresores potenciales, en agosto de 1939 la dirigencia de la URSS tomó la decisión sobre el acercamiento con Alemania.

Yuri NIKÍFOROV – colaborador científico principal del Instituto de la historia general de la Academia de Ciencias de Rusia, candidato a doctor en ciencias históricas.  Publicado: 15.08.2009  http://es.fondsk.ru/print.php?id=2394